Opinión

Como el sol cuando amanece

Hoy es un día especial, un día más azul, vuelve a ser verano. Después de casi dos años y medio trabajando en una cadena de restaurantes a la que no haré propaganda, la sucursal en la que estaba como camarero cerró por temas económicos.

Sí, sé que el paro es un drama, sé que millones de personas están en esta situación, sé que hay familias enteras sin ingresos, sé que hay mucha gente planteándose emigrar si no lo han hecho ya, o incluso algo peor. Pero que queréis que os diga, yo no veo este acontecimiento como un final, sino como el comienzo de algo mejor. Es posible que no encuentre un trabajo con un sueldo digno próximamente. Es probable que, si consigo un puesto, sea otro en trabajo basura como este en el que encuentre algunos compañeros estupendos y también una recua de vagos. Donde haré nuevos amigos y donde me encontrare a gente a la que, ni por asomo, echare de menos.

Seguramente diréis que exagero, que es algo muy común que en las plantillas de trabajadores haya alguna oveja negra, algún enchufado, etc. Y sí, en la plantilla de la que he formado parte ha habido vagos, enchufados, incompetentes, cotillas, impertinentes… la casualidad es que todos estos adjetivos definen al completo a un pequeño grupo de compañeros, que no por pequeño ha sido menos molesto. Pero ya no importa, yo estoy por encima de todo eso, porque esos individuos de los que hablo no me han hecho lo suficiente como para que me rebaje a su nivel; pero si no a mí, si a alguna de mis compañeras, esas a las que tengo el gusto de llamar amigas. Y eso sí que no lo perdono. Puedo pasar por alto las miradas de asco, la vagancia, las malas contestaciones, el escaqueo, el cotilleo diario, incluso el menosprecio a mi trabajo, porque tengo mucha más clase que esas personas indeseables y aun puedo mirarles por encima del hombro.

Pero repito: puedo pasar por alto las cosas que me afectan a mí, pero no a las personas a las que quiero, no perdono que la actitud de algunas personas le cueste la salud a mis amigos, ni la felicidad ni tampoco que se planteen dejar el trabajo y en muchos casos lo hayan dejado por su culpa.

Obviamente, ya es tarde para reclamar nada por cosas pasadas, lo que no hicimos cuando aún estábamos en activo, no lo va a arreglar esta columna, pero al menos sirve de desahogo. De todas formas, si no siempre contestábamos a las ofensas era por dejarlas pasar y por no discutir, pero ahora, a toro pasado, solo espero que allá donde vayan esas personas les salpique la mala suerte en lo profesional, que se hundan en el lodo más espeso y que les traten como nos han tratado a mis compañeras y a mí.

Como dije al principio, hoy es un día especial. Hoy ya somos libres. Como el sol cuando amanece. Somos libres como el mar.

 


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