Opinión

La parada de los monstruos

“¡Y eso es política!” me decía con aire de triunfo uno de los más acérrimos antipoliticistas. A lo cual le contesté: “En efecto, eso no es política, o mejor dicho, eso es política mala, pero la culpa de que eso prospere la tienen ustedes, los que se meten en casa”.
“Esos señores capitalistas se imaginan que la contienda es entre ellos y sus obreros tan solo, y que todos los demás ciudadanos no tenemos otro papel que el de meros espectadores. ¡Valiente idea tienen de la solidaridad social! “
“¿Y a usted, qué le importa de esto? ¿Usted por qué se mete donde no le llaman?” He aquí expresiones que se oyen a menudo, y que reflejan la quintaesencia del antipoliticismo.
“¡Libertad de contratación!” claman. Y es como si uno dijese: “Que nos dejen libres, que nadie se entrometa, él tiene, como yo, sus brazos libres para luchar.” Cierto, tiene libre sus brazos, pero tiene grillos en los pies.
(Los Antipoliticistas / SOLILOQUIOS Y CONVERSACIONES / Miguel de Unamuno)

Así como El Cid ganaba batallas después de muerto (o eso dicen), la nueva política que arranca del 15M sigue ganando batallas incluso antes de cabalgar. Ya aquella acampada histórica fue una gran victoria.

La evolución de la sensibilidad política y social que se viene produciendo en los últimos años en nuestro país, así parece indicarlo. Y eso con todos los vientos en contra, y contra toda la maquinaria pesada y basta del gobierno, dedicada noche y día a instrumentalizar los medios públicos de información como voceros de los mensajes del gobierno del PP, y como órganos de catequesis de la doctrina oficial.

Las cosas han empezado a cambiar, empezando por el interés en la cosa pública. El convencimiento al que han llegado ya muchos ciudadanos, a pesar de los impedimentos mencionados, es que esto (la ruina moral y política de nuestro país) también va con ellos y les atañe.

La tesis mayor del populismo del PP es que si a los ciudadanos se les mantiene entretenidos con pan y circo, no se interesaran por lo que de verdad ocurre.

No hace tanto, el hecho de que en España hubiera 10.000 aforados frente a ninguno en Alemania, no llamaba la atención como dato exótico y por demás extravagante, o se consideraba interesadamente, por los patronos de la estabilidad, como un hecho poco significativo y para nada sintomático. Es ese aforamiento el que ahora, por ejemplo, constituye un parapeto privilegiado para Rita Barberá, y le permite de momento escaquearse de los imperativos de igualdad ante la ley y la justicia, principio constitucional básico que los nuevos tiempos intentan recuperar.

También el indulto de políticos corruptos estaba a la orden del día, o los favores de parecido signo a los banqueros amigos, sin causar mayor rubor ni escándalo.

Así como el silencio cómplice se daba por supuesto, este tipo de favores entre colegas también.

La manipulación de las cajas de ahorro se daba por hecho tan seguro y cierto como la celebración de la fiesta local o la romería del santo patrón.

Y sobre ese mantillo de podredumbre y corrupción endogámica, sobre el que solo puede crecer el cinismo y la desanimo, se quería sembrar y plantar el futuro de España en perfecto consenso y en pactado silencio.

Pero aquel sueño de la razón y oscurecimiento de la justicia, solo podía producir monstruos. Y ya llevamos varios años -los que van de legislatura- viéndolos desfilar en esperpéntica procesión. Goya los habría inmortalizado como servicio a la patria.

Ha sido hace poco cuando la baraja se ha roto, como suele ocurrir entre tahúres. Cuando haciendo uso de las cloacas del Estado, aquellos secretos y aquellos silencios se han convertido ahora en armas mortales contra quienes se han situado fuera del acuerdo tácito que caracteriza a toda mafia.

[pull_quote_left]No hace tanto, el hecho de que en España hubiera 10.000 aforados frente a ninguno en Alemania, no llamaba la atención como dato exótico y por demás extravagante[/pull_quote_left]Armas sin embargo de doble filo. Armas de ida y vuelta, cuya acción última nadie conoce y muchos temen. De ahí el pánico a la trasparencia, a las primarias, a los referéndums, a la democracia, a que determinados puestos de gobierno, por ejemplo el CNI, puedan caer en manos de ciudadanos de a pie, que recién acaban de ingresar (democráticamente y mediante los votos) desde la calle, sin el conveniente aprendizaje de las reglas no escritas de la “razón de Estado”, que no son otras que las sinrazones e intereses de un sistema corrupto.

Los nervios del momento actual son un síntoma mayor.

También se hizo de las reformas laborales de corte esclavista el paisaje natural y resignado de los trabajadores, y del fraude fiscal la hazaña de los mejor dotados. Y todo ello amparado por un esquema ideológico de inspiración darwinista del que incluso los sedicentes socialistas se mostraban entusiasmados herederos.

Los contratos basura ya tuvieron un amplio despliegue durante los gobiernos de Felipe González a rebufo de su admiración por Margaret Thatcher, para continuar después in crescendo con gobiernos posteriores como el de Zapatero (que mereció huelga general), y últimamente con Rajoy.

Las privatizaciones de sectores estratégicos ligados a las necesidades básicas de los ciudadanos, y el predominio de los intereses financieros sobre el respeto de los derechos humanos y las conquistas sociales, vinieron a completar la debacle y a desdibujar y confundir lo que antes se conocía como democracia y como Estado de derecho.

Mientras los derechos y las conquistas sociales se oxidaban y se echaban a perder, en esos engranajes institucionales lo mejor engrasado por el dinero delincuente, eran las puertas giratorias que premiaban y recompensaban al corrupto. Tal era el tétrico escenario antes del 15M, al que por la fuerza de los hechos se le tuvo que reconocer que su diagnóstico era impecable.

Cabe pensar que quien bien diagnostica, mejor cura.

Ahora, mucho de todo aquello ya no tiene tan buena prensa, y el mismo PSOE que dio alas a aquel escenario tan poco sano, dice ahora que quiere cortárselas, acuciado por la denuncia explícita de mareas de ciudadanos y el empuje de nuevos partidos emergentes.

Que esto sea creíble, depende del optimismo o la ingenuidad de cada cual, y el tiempo lo dirá.

Pero antes que nada hay que empezar por llenar de prestigio -merced a hechos contrastados- a la palabra político y política, de la misma forma que hay que devolver su dignidad a la palabra Estado.
Aún estamos a tiempo.

Posdata: Movimiento 15-M / https://es.wikipedia.org/wiki/Movimiento_15-M

Noticias relacionadas

Deja un comentario

Botón volver arriba