Opinión

¿Y ahora qué?

 

No sé si alguno os habéis parado a pensar que el mundo avanza más rápido que la educación. Considero que desde esta afirmación se pueden entender muchos de los “problemas” o retos a los que, en algún momento u otro, nos tenemos que enfrentar, tanto desde nosotros mismos como desde la educación llevada a cabo por profesores o padres, pues en ocasiones nos encontramos sin las herramientas adecuadas y sin la conciencia de lo que nos acontece.

 

La toma de decisiones, algo tan cotidiano, nos ha jugado y nos juega, a veces, malas pasadas, pues desde el sistema educativo no nos ofrecen la posibilidad de elegir más que en el paso a Bachillerato, y, si no nos hemos trabajado antes en establecer nuestros propios criterios, es muy posible que acabemos por bloquearnos y establecernos nuestros propios límites, y terminar por quejarnos del mundo y conformarnos con lo que tenemos, aunque eso diste mucho de lo que deseamos ser realmente.

Muchos no terminamos de saber qué carrera o destino elegir para construir nuestro futuro, normalmente vivimos presionados por los intereses de nuestros padres, por lo que ellos querrían de nosotros, pero… ¿Cuántos de nosotros perseguimos realmente lo que queremos hacer? Y no solo eso, ¿cuántos sabemos realmente nuestra validez o utilidad en la vida? He aquí el kit de la cuestión, porque esto supone un gran paso del qué hacer como humanos al de ser humanos.

Pero, terminamos la carrera que en un momento de “presión futura” decidimos para nuestro camino y es cuando pensamos: ¿Y ahora qué? Y entramos en un estado de confusión y bloqueo máximo, donde la falta criterio y decisión con el que hemos crecido refleja nuestra, por llamarlo de alguna manera, inmadurez.

Quizá esté generalizando demasiado y no todos estéis de acuerdo con lo que estoy escribiendo, pero tengo la certeza de que más de uno se ha sentido así en algún momento dado. Digo lo que siento en parte por cómo me ha sucedido a mí.

Recién graduada en Filología Hispánica –carrera muy bonita por cierto- pero con pocas expectativas por pasarme el resto de mi vida enseñando qué es un Complemento Directo o un Complemento de régimen, porque al final los alumnos no terminan de encontrar la utilidad de saber eso. Total, mientras sepan comunicarse con la gente, esto no es más que conocimientos que tienen poca práctica en la utilidad de la vida, por lo que muchos estudiantes lo ven como un “coñazo” y suspenden, porque es una cosa que –por lo general- no les motiva.

Quizá con la literatura se pueda hacer algo más llamativo, al fin y al cabo de ella se pueden extraer muchos valores y sentimientos a través de diferentes formas según las diferentes épocas y espacios, pero no dejan de ser conocimientos que tenemos que estudiarnos solo por el mero hecho de escupirlos en un examen y poder aprobar para avanzar en la vida.

Y en esto consiste avanzar, en estudiar cosas que muchas no son prácticas para luego olvidarlas; y en esto consiste la educación, en no movernos de la silla de clase, no pensar demasiado, “escuchar” el tostón del profesor, estudiar y aprobar; y si no aprendemos de esta manera quizás tengamos algún problema de déficit de atención o cualquiera de las etiquetas que los educadores, tan sabios, tienen la potestad de ponernos.

Al final nos adecuamos, estudiamos, aprobamos el examen, y a por la siguiente asignatura. Pero… ¿Por qué no hay alguna asignatura de la vida? ¿Una asignatura donde avancemos hacia el crecimiento personal y podamos explotar nuestros potenciales “ocultos”? Pecamos de racionalizar todo lo que pensamos y sentimos, lo analizamos a fondo a ver si llegamos a conclusiones y decisiones coherentes. Sepamos escuchar qué es lo que hay detrás de todo eso, en nuestro interior, saber observar las emociones que sentimos y qué tipo de pensamientos y comportamientos adoptamos; quizá ahí esté la respuesta y la decisión, y, por tanto, los resultados.

La palabra “escuchar” se puede interpretar de muchas maneras, pero llegar a la esencia profunda de lo que esta palabra significa puede ser un gran paso para entendernos tanto a nosotros mismos, como a nuestros hijos o alumnos. Por favor, tengámosla más en cuenta, al final las palabras son muy sabias, es interesante saber explotarlas.

Para terminar, pondré la evolución fonética de esta palabra, por si a algún curioso le apetece saberlo y así aprovecho para buscarle alguna utilidad al conocimiento de la fonética histórica (espero no equivocarme):

Ausc?lt?re (latín clásico) > [au?sk?ltáre>askoltár>asko.u?tár>askoi?tár>askui?tár>asku?ár>eskú?ár]

Por: Sara Hidalgo


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