Opinión

Batalla por la dignidad

 

Estar en el núcleo de la batalla y luchar como si no hubiera un mañana. Elegir entre vivir de pie y morir de rodillas. Y después decidir que de rodillas no se arregla nada. Tomar las cartas que te da la vida y jugar con ellas al límite, sin tener miedo a saber cuál será el futuro que te depara con ellas. Alzar la voz, gritar al viento. Vivir cada uno de los días como si fuera el último y no callar por nada, porque hubo un momento en el que decidiste dejar de tenerle miedo a la vida.

Conocí a Dori hace mucho, unos cuatro años. Un micro nos descubrió en la radio y desde entonces aprendí de ella que rendirse no sirve para nada. Me encontró en un momento duro de la vida y en ella obtuve palabras de consuelo. Ella también estaba jodida, pero siempre ha preferido anteponer el dolor del de al lado al suyo propio. Ella ya estaba enferma; ya tenía cicatrices que no mostraba por pudor y que poco a poco me ha ido enseñando por confianza. Cicatrices. Qué palabra más dolorosa. Cicatrices producidas por un mal corte de bisturí que hoy en día le han llevado a entrar ocho veces a quirófano. Cicatrices mal curadas que hacen que hoy Dori no tenga ganas de desnudar su piel delante del extraño cuando siempre ha sido una persona transparente y generosa. Hay heridas que no se producen por un mal corte, crean una cicatriz más profunda que la que se genera en la piel y más compleja de eliminar o de al menos disimular. Cicatrices producidas por la desconfianza que generan las miles de ocasiones en las que alguien le dio la espalda. En la última ocasión su abogado, un hombre que le prometió luchar por algo que no surge y que se rindió ante lo evidente: demostrar una mala praxis no es cosa de una hora.

Dori aun así no se rinde, tiene cuatro hijos y un marido a los que amar. Y aunque la vida le ponga mil trabas ella está dispuesta a actuar. No se rinde ante lo evidente y es que por mucho que alguno se esfuerce en hacérselo creer lo suyo no es una cadena de infortunios que le hacen estar como está. Cansada de escuchar un “pobrecita” o que la gente se refiera a ella como la persona que lucha en contra de un sistema, la medicina, para que se haga justicia. Porque no quiere sólo denunciar su caso, ella tiene claro que si gana ganarán miles de personas que se encuentran en su fatídica situación.

Nunca viste con tacones y su apellido no es compuesto. Ese es quizá su problema; que en la vida la justicia es más justicia si tienes primos o hermanos de alta alcurnia. Y os podría contar su vida entera, una existencia llena de peleas por lo que más quiere, pero permitidme que me guarde su relato para otra ocasión en la que tenga altura suficiente como para poder escribir un libro sobre ella, si es que algún día la tengo y si ella me lo permite. En definitiva, lo que quiero transmitir con este párrafo, es que Dori es una persona de la calle que no pretende más que vivir tranquila y feliz.

Hace unos días me denegaron una beca por ser demasiado díscolo; es algo que comparto, valoro y además potencio. ¿Qué sería del periodismo sin personas capaces de luchar y de pelear por aquello que defienden? Porque peleo, porque defiendo lo que es mío, porque genero opinión y quien me conoce o me odia o me ama, como me dijo cierto profesor hace tan solo cuatro días. Porque deseo y confío en un futuro al servicio de la información y bajo el amparo de la verdad. Por ello y desde hace unos meses, en la medida de lo que puedo, estoy ayudando a Dori con su causa, con todo lo que tiene que ver con la comunicación que dicen algunos que es lo mío. Porque ella cuando he llorado ha estado a mi lado se merece que la ayude no sólo yo, sino todas aquellas personas que se han acercado a Dori en busca de respuesta.

Os pido a mis seguidores de Facebook y a mis amigos de aquí que pinchéis el enlace y firméis por ella. Una persona cuyo único delito ha sido tener obesidad y a la que un bisturí le destrozó la vida. Una persona a la que no incapacitan porque “las señoras de la limpieza no necesitan el abdomen para trabajar” como viene a decir la sentencia. Una persona a la que NINGÚN forense salmantino evalúa porque la operó un pez gordo del clínico.

Mil gracias a Dori por contarme su historia, a Menchu que la está ayudando con todos sus contactos conocidos y algún que otro que está conociendo a raíz de esto. Muchas gracias a las más de seis mil personas que habéis firmado y a todos aquellos que lo hagáis desde ahora. Y por favor si podéis compartid el enlace.

FJRebollero

Para ayudar a Dori Change.org

 


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