Opinión

La cuadratura del círculo

Cuando nos encontramos ante una cuestión peliaguda, solemos traer a colación, como metáfora, la «Cuadratura del círculo», aunque seamos de letras. Casi una muletilla del lenguaje coloquial.

O también, si la dificultad a resolver nos obstruye el camino, de tal forma que no sabemos para dónde tirar, hablamos de «Nudo gordiano», y la solución anexa al dilema suele ser tajante, casi quirúrgica: cortar por lo sano, como hizo Alejandro Magno con el nudo de Gordias.

Otra forma de afrontar estas encrucijadas, muy propia de aquí, de nuestra nación, pues no en vano fue inventada por uno de nuestros más insignes y astutos políticos, Felipe González, es mediante la frase mágica «De entrada no», apropiada para mercachifles tan seguros de la estulticia de quien tienen delante, que creen que le pueden dar gato por liebre y además decírselo en la cara con antelación al fraude. Como con el asunto de la OTAN.

Por cierto, esta frase «De entrada no», me recuerda aquella otra de Bartleby el escribiente, del relato de Melville: «Preferiría no hacerlo», que tanto repetía aquel extraño sujeto. Con la diferencia de que Bartleby era un místico o un asceta, y su frase encerraba un significado profundo, mientras que los usuarios de la frasecilla «De entrada no», son unos simples vendedores de mantas. Bastante cutres, por otra parte.

El PSOE se enfrenta hoy, pienso yo, a uno de esos dilemas resueltos con antelación. Y lo saben.
O lo sabían.
Por si se les ha olvidado, ha venido González -el padre ancestral de todas sus pesadillas de Edipo- a recordarles la solución prevista y pactada.

Tal y como dije en un artículo reciente (Teatro y títeres), hace ya mucho que el PSOE cortó el nudo gordiano de esta cuestión cuando cerró un pacto a toda prisa con la derecha (C’s) para no tener que hacerlo, más despacio, con opciones progresistas, que no están bien vistas ni interesan a la jefatura neoliberal y ultraderechista de Bruselas.

A partir de ese tajo a espada, todo es teatro, pienso yo.
Aunque por otra parte no se si en el fondo, su angustia es auténtica, y efectivamente no saben ya para dónde tirar y ellos solos se han hecho un lío y pegado un tiro en el pie. Un nudo del que han perdido los papeles y los planos.

[pull_quote_left]Lo que hay que decidir ahora es si España necesita dos partidos neoliberales que hagan el cambalache de turno[/pull_quote_left]Es decir, que el resultado del 26J les ha hecho mella y están haciendo cábalas de verdad, indecisos sobre la decisión que más les perjudica como partido, si no les hunde ya definitivamente. En este como en otros momentos de nuestra historia, no creo que les preocupe la gente, sino “el aparato”. Esa actitud –el distanciamiento de la realidad del ciudadano- ha sido uno de los gérmenes de su decadencia.

Porque quieran o no, el 26J ha puesto la pelota en su tejado, y la gente está expectante y con el corazón encogido, como ante un penalti. Sobre todo los progresistas de su partido, que están a punto de contemplar la “escena primordial” que desvirgó a Edipo. Se ve que hasta ahora han estado dormidos.

¿Qué les perjudicaría más?
¿Dar su apoyo a Rajoy y a su política ultra (por no hablar del refrendo a la corrupción que supone ese espaldarazo), apoyo que lo sería incluso con la fórmula hipócrita de la abstención en la investidura, o arriesgarse a empezar con coherencia y decisión un nuevo ciclo histórico y político, casi una regeneración del propio partido, para frenar la pérdida del voto y de la credibilidad entre el electorado progresista, pero también para alumbrar una nueva concepción política en nuestro continente?
(De «socialismo» ya ni hablamos. Es palabra proscrita en esta Europa).

Yo les aconsejaría:

Si todo este teatro es para «de entrada no y luego sí», ahórrense ese suspense. La gente está al cabo de esa calle, y saben qué papel ha desempeñado ese partido en las últimas décadas, desde los contratos basura de Felipe González (discípulo aventajado de Margaret Thatcher) y las privatizaciones, hasta la reforma del artículo 135 de la Constitución.

Lo que hay que decidir ahora es si España necesita dos partidos neoliberales que hagan el cambalache de turno (ya sólo uno se basta para saquear al Estado y la hucha de las pensiones), o lo que necesita es una fuerza política que dé alguna esperanza a la gente y combata de verdad esa sinrazón que nos desgobierna.

Esa es la cuestión. De entrada y de salida.

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