Cosas de la vida

Tocado por el Dedo de Dios

La mayoría de la gente recuerda, cuando se dice esto, el famoso fresco de la Capilla Sixtina, en el que Dios está casi tocando el dedo de Adán. Se intuye con ello que al hacerlo Él le regaló la Inteligencia. Aunque viendo reposar a Adán con tanta comodidad podría suponerse también que lo que hizo fue despertarle de un bello sueño. ¡O, a lo mejor, le está sacando la costilla! En fin, que no sé cómo interpretar esta imagen. Y lo mismo le ha pasado a muchísimas personas.

Pero, dejando este bello fresco renacentista y volviendo a la frase en sí, recientemente la he leído en la prensa diaria como si fuese un privilegio que tienen algunas personas o personajes para que hiciesen lo que les viniese en gana, saltándose todas las normas o leyes humanas. Pero el significado bíblico se refiere, más bien, a los que padecen alguna enfermedad mental, especialmente la pandemia de hoy, el alzhéimer. O a los que sufren con infinita paciencia –como Job– cualquier mal. Las tres religiones monoteístas lo tratan de esta forma. Los ancianos seniles y los dementes deben ser muy respetados por ello.

¿En qué me baso? Si quitamos a Dios de la frase, ¿qué queda?: Tocado. ¿Y qué queremos decir cuando alguien está «tocado»? Pues eso. También se deduce algo parecido, pero no es lo mismo, cuando se habla de algo o de alguien «que está dejado de la Mano de Dios«, como si estuviese abandonado, sin defensa.

Pero quien sufre –sufrimos– de verás el mal de alzhéimer no es el enfermo. Es el familiar, el cuidador. Por su ejemplar paciencia hay que decir de él que es el PACIENTE.

Y si al enfermo le toca el Dedo de Dios, podemos añadir que al paciente le roza. De aquí una nueva frase: «Rozado por el Dedo de Dios«, para referirse al heroico familiar de los alzheimerosos.

 

Quod Natura non dat, Salmantica non prestat

Quiere esto decir que por muy importante que sea el centro educativo, si no se tienen condiciones para el estudio, nada se podrá hacer para enseñarle. Hay otro refrán similar, poco conocido: «El que asno fue a Roma, asno se torna»

 

Hacerse el sueco

¿Quiénes serán los suecos que motivan este dicho? No sé donde leí hace tiempo que eran unos marineros que decían «Mí no comprender» cuando les preguntaban algo comprometedor, pero sí que entendían lo que les interesaba. A mí esto me parece una fábula. También leí algo parecido ocurrido durante la Guerra de los Treinta Años.

Pero su sorprendente origen es más remoto. Viene del calzado que se usaba en el teatro grecorromano, llamado «soccus«. De su nombre derivaron zueco (zapato de madera) y zoquete (grueso taco de madera). De esta última derivación sale lo mismo para referirse a una persona torpe. De modo que «hacerse el sueco» equivale a «hacerse el tonto» intencionadamente.

 

Vete al carajo

Voy a contaros algo sobre el origen de este dicho y no de la palabra «carajo», que todo el mundo conoce como uno de los múltiples sinónimos del aparato sexual masculino.

Hablé hace unas semanas sobre el «Vete a la porra» y su cuna militar, propio de la antigua Infantería. Pues «Vete al carajo» es lo mismo, pero de la Marina. Sí, porque se llamaba «carajo» en los barcos antiguos a una cesta grande que estaba en lo más alto del mástil, donde se colocaba el vigía y a los castigados por alguna infracción. Es de suponer como se bajaban de tal lugar después del tremendo bamboleo a que se sometían aquellos marineros.

 

Si el ciego guía al ciego, ambos caen en el hoyo

Frase que viene a decir que no debemos imitar a personajes que dan malos ejemplos. Está escrita en el Evangelio de San Mateo y, muy parecida, en el de San Lucas. También se cita en El Quijote.

 

Ni buscado con candil

Lucerna romana.
Lucerna romana.

El candil es un artilugio para iluminar, usado desde la remota antigüedad, heredero o hermano de la cerámica lucerna romana. Consiste en un recipiente metálico, con un gancho para colgar, en el que se echa aceite u otro combustible, con un saliente en que se coloca un paño, o mecha, que se enciende.

La frase se refiere a alguien muy hábil, indicando que sobresale entre otras personas.

 

De higos a brevas

Se dice así para indicar que debe pasar un tiempo indeterminado para conseguir o hacer lo que nos proponemos. Se basa en el periodo que trascurre entre las maduraciones de los higos (después del verano) y de las brevas (antes): unos 8 meses. Si se dice al revés, sería de 4. Hay otro dicho similar: «De Pascuas a Ramos«, que viene a indicar casi un año de espera. Al decirlos no se tiene por qué ser tan exactos.

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