Opinión

Golpe pensado con los pies

Es lógico que tengamos un cierto respeto a los políticos veteranos (como a los de cualquier otro oficio) porque los creemos sabios y astutos, sobre todo esto último. Han visto mucha historia y mucha sangre. Además han sobrevivido, mientras que otros (a los que quizás ellos han enterrado) no.

Esto de sobrevivir da mucho prestigio, porque nos remite a Darwin y a la ley de la selva, y en definitiva al Caín primate que llevamos dentro y aún sin reciclar.
Así que el sobreviviente tiene no sólo mucho mérito, sino también mucho peligro.

¡Cuídate de los Idus de marzo!
Y de los sobrevivientes.

Esto es así por ley natural, pero toda fe ciega peca de ilusa, y no toda fama está plenamente justificada, además de que toda fama tiene su parte de artificial y retórica, se deteriora con el uso, y sobre todo con el mal uso.

Como casi todo en este mundo.

El saber retirarse a tiempo es arte que casi nadie domina, salvo los que desde el principio vivieron retirados, como predicaba Fray Luis de León en su huerto de La Flecha, del monte en la ladera, ni envidiado ni envidioso.

¡Pero qué distinto es el mundo!

El poder, sobre todo si es giratorio, de va y viene, a veces se pega entre los dedos como un chicle, y marea tanto como un tiovivo, cuando no nubla hasta las mentes más despiertas y privilegiadas, que acaban por no distinguir el yo del superyó, la realidad de la fama, la forma del fondo, los medios del fin, expresado esto en términos freudianos de autoengaño y en términos maquiavélicos de estrategia política.

Es entonces cuando el Ello, libre de todo tipo de prudencias y trabas, toma la voz cantante y empieza a desafinar.

Así como en otros oficios la veteranía incrementa, por lo general, los méritos y las habilidades, no siempre ocurre esto en la política, donde se dan casos (y no son pocos) en que el paso del tiempo y el continuo roce con el poder y sus cloacas, el halago fácil y el servilismo mendaz de los satélites, estropean mucho.

Cuando en el balance final, los destrozos actuales empiezan a pesar más que los logros pasados, hasta esos logros pasados empiezan a mirarse con lupa, y bajo una nueva luz: la del presente a la vista de todos.

Porque pudiera ser que aquellos logros, más que fruto del genio individual y el designio mesiánico, fueran el resultado del momento y del esfuerzo colectivo, que sin embargo no tiene nombre ni recibe recompensa. Ni siquiera en forma de puerta giratoria.

Quizás los héroes no sean tan héroes, ni los genios tan genios, ni los villanos tan villanos. Todo despotismo ilustrado peca, en cualquier caso, de excesiva prepotencia, madre de todas las desgracias y ruindades. Y todo culto a los héroes peca de infantilismo mamado en los comics.

Ahora bien, cuando nos da por pensar que nuestro criterio vale más (no sólo subjetivamente sino ejecutiva y políticamente) que el de la mayoría de nuestros prójimos expresado con libertad, hemos iniciado un camino de no retorno, en el que sin duda no debimos adentrarnos.

A partir de ahí, ya no nos importará recortar dignidades humanas, según la escala social y el vano dictamen de la fama.

En cuanto a los héroes de los Idus de este marzo de otoño:
Si lo que querían era aumentar las opciones de gobierno de Rajoy, y fortalecer las opciones de la política austericida que ordena y ordeña Merkel, lo han conseguido.

Si lo que querían era acallar a los militantes y maniatar su voluntad, dar por bueno lo que en esencia es impresentable, lo han intentado, pero no lo han conseguido.

Aparte de eso ¿han conseguido algo bueno?

A este paso voy a acabar creyéndome que González es un agente de la TIA (Merkel), y no quería llegar a tanto. Más que nada por higiene mental.

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