Opinión

Contrapesos

Por si todo el desastre de la dación en pago no nos hubiera dejado ya claro que nos enfrentamos a un Gobierno sin alma, el ministro de Hacienda nos dice ahora que, si te echan del trabajo, caerá sobre tu espalda para llevarse parte de la indemnización. Sin duda necesita ese dinero: tiene que compensar de alguna forma los miles de millones que va a rebajar el año que viene a los que está seguro de que le votan, para que le sigan votando, y como es lógico acude a sacarlos de los bolsillos de aquellos cuyo voto no tiene tan seguro. No tiene que temer quedarse corto: son muchos, muchísimos, los que pierden su trabajo cada año.

[pull_quote_left]La democracia es un sistema de contrapesos. Lo sabe todo el mundo, pero nadie parece tomarlo en serio. Cuando los contrapesos fallan, el poder tiende siempre a expandirse.[/pull_quote_left]¿Dónde demonios está la oposición política? El Gobierno decide qué días del año no se pueden llevar símbolos políticos en la solapa, el Partido Popular de Tarragona quiere elaborar un censo de mendigos para expulsarlos de la ciudad, los fiscales acusan a los jueces en vez de a los presuntos delincuentes, en otro caso más de el mundo al revés, y aquí todos hablan de reformar la Constitución y nadie se ocupa de garantizar que, mientras se reforma o no se reforma, la Ley de Leyes tiene que ser un valladar contra el abuso de los poderosos.

Ya sé que debería ser automático. Ya sé que debería ser el Gobierno el primer encargado de aplicarla. Pero, cuando no lo es, es obligación de la oposición política exigir ese cumplimiento en defensa de los ciudadanos.

La democracia es un sistema de contrapesos. Lo sabe todo el mundo, pero nadie parece tomarlo en serio. Cuando los contrapesos fallan, el poder tiende siempre a expandirse. Es preciso frenarlo. Los ciudadanos claman porque se haga. No se puede esperar a tener una cara para el nuevo cartel electoral. No hay tiempo.

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