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Opinión

Hermanos, adolescentes y buena gente

Roberto y Carolina García Hernández son dos hermanos de 16 y 14 años. Son hijos de Roberto y Carolina. Esta familia nos da su testimonio acerca de la adolescencia de sus hijos.

 

En opinión de los padres, son unos buenos adolescentes, no les generan más conflictos que los típicos de su edad: enfados, oposición en las opiniones, algún que otro desencuentro a la hora de estudiar, pero en general tanto Carolina como Roberto se sienten muy orgullosos de tener a dos adolescentes con un grado de madurez y sensatez bastante aceptable teniendo en cuenta los casos que conocen.

El éxito de este logro ha sido tener muy claro desde que sus hijos eran pequeños, que los frutos se recogen plantando buenas semillas, quitando las malas hierbas y abonando las plantas. Estos buenos hábitos los aprendieron de sus padres los cuales han sido de gran apoyo a la hora de cuidarlos ya que los dos trabajan.

Para los padres las mayores dificultades creen que están por venir ya que hasta este momento su vida familiar ha sido muy positiva. Tienen miedo al futuro profesional de  Roberto y Carolina, si sabrán optar por una buena elección.

Otro tema es la influencia del círculo de amistades y la fuerza que pueda ejercer el grupo ante temas como el consumo de drogas y alcohol.

Esta familia cuenta con un buen hábito y es el de la comunicación. Hasta el presente, tanto los dos hermanos como los padres, gozan de un buen grado de participación y ven a sus progenitores como modelos positivos, sin perder la necesaria autoridad a la hora de poner límites y normas.

A Carolina y a Roberto se les ve unos adolescentes felices y que adoran tanto a sus padres como a sus abuelos y es que juntos saben superar las dificultades que les va presentando la vida.  Disfrutan de actividades en común y existe un gran respeto en las diferencias de opinión.

Desde estas líneas animamos a esta gran familia a que sigan sirviendo de ejemplo para otras, que están perdidas y desbordadas ante la difícil etapa de la adolescencia.

Es posible lograr la buena convivencia cuando se trabaja con los hijos desde que nacen. Lo más difícil es imponer normas y reglas, pero si se hace y se educa en la responsabilidad a los hijos, cuando llegan a la adolescencia se empieza a disfrutar del éxito de la educación.

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