Opinión

Cartas y memoria de don Miguel

Resulta bien sabido que el matrimonio Colette y Jean-Claude Rabaté, autores en su día de una intensa y extensa biografía de don Miguel, son uno fieles enamorados de Unamuno hasta en las cartas. Por eso han querido que uno de las pasiones del escritor vasco por la literatura epistolar salga a la luz en ocho volúmenes, ocho, que abarcan nada menos que medio siglo de la vida de su autor.

Se cree que quien fuera rector de la Universidad de Salamanca redactó en torno a veinte mil cartas a lo largo de su existencia, de las que los Rabaté publicarán en total en torno a tres mil, que ya son. Las algo más de trescientas del primer tomo, que acaba de editar la institución a la que perteneció su redactor, fueron escritas en parte en su juventud y llegan hasta 1899, con al menos sesenta que son total o parcialmente inéditas.

Se trata de una documentación muy valiosa que sirve para aportar datos personales y públicos de quien tanto gustaba de expresarse por correo y que de seguro no imaginó las posibilidades que ahora se abren con la comunicación electrónica. ¿Alguien se imagina la correspondencia que llegaría a sumar don Miguel de contar con el email, si con la pluma de palillero logró firmar veinte mil cartas?

Lo que resaltan los compiladores del epistolario unamuniano es que su autor fue un hombre muy activo, muy enamorado de su esposa Concha desde su primera mocedad, bastante preocupado por su salud y con gran capacidad de trabajo. Pero lo que Juan-Claude Rabaté resaltó en la presentación del primer tomo es algo de lo que seguimos necesitados en esta España nuestra: “Se pasó la vida tendiendo puentes en un momento en el que todos levantaban muros”.

Bienvenidas sean, por esto y por quien las firma, esas cartas. Y también don Miguel como personalidad digna de especial memoria en el inminente octingentésimo aniversario de la Universidad de Salamanca.

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