Opinión

Pan del Infierno

 

La historia que decidimos contarnos nos persigue sin descanso. Hasta que decidimos dejar de contarla así. Hasta que la compartimos de manera distinta. Hasta que la reescribimos. Todas comienzan con un llanto inconsolable. Todas se gestan después de muchos días con los pulmones llenos de un oxígeno carente de aire. Todas comienzan a partir de unos ojos que no ven más allá de sus propios párpados. Todas nacen tras un riguroso encierro. Toda historia comienza despacio.

 

Hacer pan es una gran historia.

Lo primero es guardar lo grueso. Para que sea perfecto es mejor utilizar únicamente lo más sutil. No te conformes con la criba. Tamiza con esmero. Será la harina de tu propio pan. No tires lo salvado, pero descarta el polvo que no haya conseguido caer por su propio peso, su aportación a la masa donde nos van a pillar con las manos metidas será nula en el mejor de los casos. No digo que no valga para nada, no lo subestimes, pero ahora no. Elige con cuidado. Minuciosamente.

Tu masa madre. Es la propia, te resultará más natural. Ni se hace ni se fabrica. Está en el ambiente. Se mezclará con la levadura de los cereales e impedirá prosperar cualquier organismo indeseado. Basta con capturarla una vez. Basta con separar un trocito de la masa antes de meter el resto al horno. Es eso. Un pellizco de ayer para hacer lo de hoy.

Agua. Nos hace falta agua. Obligatorio que sea corriente. No tiene que ser de grifo por imperativo, pero sí corriente, que haya fluido alguna vez es fundamental. Entiendo que no te apetece hacer tu pan con agua estancada, ¿verdad?

Sal. Pero no te vayas, quédate. La harina está siempre dentro. Con cuidado, no es buena en exceso. Parece el paso más complejo ya que las pizcas y los pocos son un tanto ambiguos. Tranquilidad, darás con la cantidad exacta dentro de unos pocos panes.

Podría decirte que ahora es todo cuestión de tiempo, pero te estaría embaucando, sería un embustero. Es cuestión de fuego durante un tiempo. Nos hace falta un infierno. Puede ser eléctrico o de gas, pero por muy natural que éste sea, siempre lo será más un árbol. Si es caído es leña. Estará más seco. Lo quitaremos del camino. Evitaremos pisotones y zancadillas. Si ves su verde solo tropezó, sigue empuñando la tierra con sus raíces. No es leña, es un lado de un camino.

Está. Saquémoslo del horno. Escucha. Huele ese calor. Muerde ese olor. Quédate con él. Grábalo. No puedes ¿verdad? Ya lo tienes registrado ¿Cuántos años tenías? Sabe a primera hora de la mañana, a tener al reloj de tu parte.

La historia que decidimos contarnos nos perseguirá sin descanso, decía. Escoge las palabras con las que la escribes. No pretendo estresar, pero cada una tiene su mínima capital importancia, irán de cabeza a esa historia tuya.

Fíjate, pueden hacer que un abrazo sepa a pan recién hecho solo con decirlo…

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