Opinión

La ojera es al ojo lo que el oro a la oreja

 

Puede no entenderse la consciente malinterpretación de los términos que se muestran objetivamente testados, si bien es cierto que la opción de hacer lo contrario es un derecho inalienable, siempre, aceptando tácitamente que la reclamación de tal garantía puede, en ocasiones, no ser adecuada.

 

Es mucho más seguro que nos lleven de espaldas. En tren, en avión, en bus o metro… Seguro. Sin necesidad de ducharse en leyes físicas parece de cajón de mesa de tabla de madera de alcornoque. Si la espalda se apoya en el asiento en sentido inverso al de la marcha, en caso de brusca detención nadie saldrá despedido. Eh, no haría falta ni cinturón de seguridad. ¿Airbag? ¿Para qué?

Pero claro, sucede que es inaceptable. Que todo esto se hace por y para humanos. Que por esa regla de dos, la Dirección General de Trágico nos licencia para colocarnos en nuestra posición natural, la de mirar hacia delante. Y los retrovisores que hagan falta para dejar testimonio de quien dirige, solo él los necesita realmente.

¡Que somos humanos señores! Que para nosotros la seguridad es lo más importante, solo por detrás de la propia humanidad. Al viejante de bus, tren o avión le gusta mirar hacia adelante, humano que es. ¿Imaginas volar de espaldas? Te perderías lo que viene. Bueno, lo que viene solo lo ve quien pilota la aeronave, no es como en el tren que… ah no, que hacia delante solo ve el maquinista… Demonios, pues bus y coche, que si te sientas junto a quien lleva los mandos se tiene vista VIP… Bueno, el ejemplo me quita la razón pero es porque el ejemplo es malo.

La explicación a todo es que somos humanos. Que así somos, capaces y capazas, tenaces y tenazas. Tan de mirar hacia delante, tan de aceptar el riesgo de apuntar con los ajos hacia lo desconocido, tan de confiar en negociar adecuadamente lo que sigue a la próxima curva incluso si se trata de una recta (¡a lo loco!), tan de recordar solo en mauseosoleos, de tanta hambre de mañanas nuevas y nuevos, tan de hacer distinto aunque sea para bien, tan de defender esa evolución lógica, tan de ir a ver aquello por si las cosquillas, tan de aprender algo distinto con la tontería, tan capaces, tan capazas, tan tenaces, tan tenazas. ¿A quién pertenece el futuro más que a los ojos?

¿Cómo vamos a ir de espaldas nosotros si ni se nos pasa por la cabeza (¡jamás!) hacer por segunda vez exactamente lo mismo que cuando la liamos honoris causa? ¿De cuando acá nos hemos enredado nosotros con algún ayer? Si somos de reflexionar e intonteriorizar y adecuarnos y prever y hacerlo todo que te haces popó de bien con justa autocrítica y adecuada autoexigencia y…

Mierda de despertador, solo 5 minutos más.

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