Opinión

Un ratito a pie y otro caminando

 

Se levanta el telón y se ve a un tipo con traje y gabardina, gafas de sol, sombrero con pluma y maleta de ruedas. En su mano izquierda sostiene dos tarjetas que parecen ser unos billetes de avión. Me atrevería a decir que de ida. Su cara sugiere un ayquenollego!!! Su cuello se estira y se estira de tal forma que parece querer lanzar los ojos al mismísimo fondo del mismísimo santuario donde nació el mismísimo primer viento.

 

La escena sucede en una de esas grandes avenidas de la ciudad de Nueva York (no tengo el gusto), la Primera, la supongo por número más grande que la Fifz. Parece un día punta, a la hora de salir de trabajar, venga, una hora cualquiera vale.

Está repleta de coches de un montón de colores. Los hay blancos, verdes, azules, rojos, rosas, negros, naranjas, verdes y blancos, blancos y negros, rojos y azules, mira, allí al fondo hay uno lila con lunares beige, qué color éste. Hay también camiones de reparto, de la basura, hay autobuses, furgonetas, 6 ambulancias, incontables bicicletas y un dumper de obra. El caso es que entre todos ellos no hay ni un solo vehículo de color amarillo.

¿Cómo se titula la película? Perdón ¿qué puede estar pensando nuestro misterioso personaje de hoy?

Par de Pistas.

Pista número A: Es una cosita que estudia cómo se mezclan las palabras para poder decir cosas. Merece más de 134 columnas este tema.

La otra: El típico, reconocible y recurrente coche destinado a transportar individuos de un lugar a otro de la ciudad de los rascacielos, es amarillo. Te recuerdo además que no se ve ningún automóvil amarillo. No hay. Ninguno.

Perrrrdonamé. Quizá más que ayudarte te estoy confundiendo. Ahora puede no quedarte claro si el hombre de la acera tiene un problema de reloj o de palabras. ¿Sintaxis o sin taxis? ¿A que sí? Decide tú. Es lo de menos.

Yo espero que su duelo sea contra la falta de tiempo. Puede ser embarazoso perder un avión, no hay duda. Reconozco como propio ese miedo atenazador. Muslos y cuádriceps borrachos de ácido láctico un par de cientos de ocasiones. Es una sensación de máximo estrés. Siempre llegué, tengo que decir. Creo que de haberlo perdido habría bastado con poner de nuevo el cronómetro en marcha hasta la siguiente partida, habría sido cuestión de recuperar la cuenta atrás, de invertir más tiempo y sí, también un poquito de dinero.

Pero es que… Esos dos billetes me hacen pensar que falta alguien tras ese telón. Quizá no le dijo nada, no supo decirle nada o no le dijeron nada. Eso sí es serio. ¿Cómo se recupera la palabra? ¿Cuándo? ¿Cuánto vale?

Yo creo que más que un avión.

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