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El pensamiento democrático nació en Salamanca

El VIII Centenario de la Universidad está sirviendo para 'rescatar' y dar a conocer el papel que los pensadores de la Escuela de Salamanca tuvieron en la concepción del derecho de gentes y en el origen de la soberanía popular

 

Bajo los adjetivos de culta, docta y sabia, muy noble y muy leal, y caritativa y hospitalaria, Salamanca siempre ha sido conocida, principalmente, por su Universidad, una de las cuatro más antiguas existentes en el mundo tan solo por detrás de Bolonia, Oxford y París.

 

Carlos Tabernero/ ICAL. Sin embargo, durante siglos, su trascendente influencia en conceptos de la vida política, económica y filosófica actual fue oscurecida o minusvalorada por la tradición del pensamiento anglosajón, que se otorgó el título de origen de la Democracia y los Derechos Humanos.

La vicedecana de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Salamanca, María Martín Gómez, en el claustro del edificio histórico. Jesús Formigo / ICAL

Ahora, y aprovechando la conmemoración en este 2018 de los 800 años de historia del Estudio salmantino, la Universidad trata de ‘rescatar’ y dar a conocer al mundo el importante papel que tuvieron los pensadores que confluyeron durante finales del siglo XV y principios del XVI en la capital charra y que fueron denominados para la Historia como la Escuela de Salamanca.

Y es que fue entre los muros del Patio de Escuelas Mayores salmantino donde nació la primera aproximación del hombre a conceptos como los Derechos Humanos y la soberanía popular. Así lo asegura la profesora y vicedecana de la Facultad de Filosofía de la Usal y especialista en los pensadores de la Escuela de Salamanca, María Martín Gómez, quien afirma que la «gran relevancia» de este grupo de intelectuales fue «la fundamentación de los Derechos Humanos».

«Por primera vez nos encontramos una fundamentación teórica y una defensa práctica de lo que entonces se dio en llamar Derecho de Gentes», explica Martín Gómez, quien añade que estos pensadores, encabezados por Francisco de Vitoria, «dan la teoría sobre en qué se puede basar la naturaleza humana y en qué radica la dignidad», además de defender que «los indígenas de América también son portadores de esos derechos», estando estos conceptos, por tanto, «en la base de la Declaración Universal de los Derechos Humanos actual».

La Leción de Salamanaca, del artista José María Sert, se encuentra en la Sala del Consejo del edificio de las Naciones Unidas en Ginebra.

«Las pinturas que existen en la Sala del Consejo del edificio de las Naciones Unidas en Ginebra así lo enseñan», revela Martín Gómez, quien recuerda que el gran mural realizado en los años 30 por José María Sert incluye al propio Vitoria y una torre de la Catedral de Salamanca «representando que lo que se hace hoy allí y ahora, viene de Salamanca».

Y es que Vitoria realizó el ‘paso’ del Derecho Natural al Derecho de Gentes «bajo la idea de que el ser humano tiene dignidad y libertad en sí mismo y es consciente por su capacidad racional, por lo que al ser consciente de su ser, también reconoce a otro ser humano igual que él y eso genera fraternidad», valores que, recuerda Martín Gómez «se encuentran en el ideario de la Revolución Francesa».

También tuvo influencia Vitoria en las decisiones políticas de su época, si bien fue a través de sus discípulos. No obstante, fray Bartolomé de las Casas defendió los postulados de Vitoria frente a Juan Ginés de Sepúlveda durante la Junta de Valladolid, conocida también como Controversia, promovida por Carlos V «en su interés de hacer las cosas bien para que la empresa en América fuera conjunta y no hubiese fisuras para que otros países lo aprovecharan en beneficio propio». Precisamente, los postulados de Vitoria y De las Casas provocaron «que muchas de las Leyes de Indias se acabaran cambiando».

No obstante, la airada defensa de fray Bartolomé de Las Casas de los derechos de los indígenas americanos le hicieron más popular en el mundo que a Francisco de Vitoria. Las razones son varias, según apunta María Martín Gómez, puesto que «el discurso de Vitoria está hecho desde Salamanca, sin conocer ‘in situ’ la situación americana, y es más teórico, más erudito, mientras que el de De las Casas se radicaliza al hacerlo desde México y contar lo que está viendo. «Es más práctico y revolucionario y, para muchos mexicanos y compañeros de Iberoamérica, ayudó a releer la conquista española, por lo que incidieron más en ese discurso e iniciaron antes», a través de De las Casas, «el rescate del olvido de los nombres» de la Escuela de Salamanca.

Soberanía popular

Pero el origen de la concepción de los Derechos Humanos no es la única herencia dejada por los pensadores de la Escuela de Salamanca. Ahí está, por ejemplo, el inicio de la soberanía popular, con «una de las teorías más novedosas de la Escuela de Salamanca como es el tiranicidio, porque era decir que si el príncipe, el monarca, se olvida de buscar el bien común para buscar el bien particular, el pueblo tendría legitimación para hacer una guerra justa contra el tirano», en una «relectura de la filosofía de Aristóteles».

Escultura de Francisco de Vitoria, en la plaza del Concilio de Trento.

También existen, según Martín Gómez, «muchas cosas del parlamentarismo y el sistema político actual» en la Escuela de Salamanca, a través del Derecho Civil que sirve «para reglar las leyes que nos damos entre los seres humanos», o de la negativa de Vitoria a otorgar la potestad «a Carlos V como representante del Derecho Civil y al papa como representante del Derecho Canónico en América, porque los indígenas no eran aún ni cristianos ni españoles», en lo que se deduce como «primera diferenciación e inicio de la separación de poderes».

Además, «casi todos los fundamentos del Derecho Internacional están en Francisco de Vitoria», como el principio de guerra justa, que va más allá de la legalidad y «discute si una guerra es moral». Se trata así de un concepto que llega hasta nuestros días y que Vitoria defendió como aquella guerra «defensiva, de respuesta a un ataque, donde incluso se podía pedir ayuda a una supuesta comunidad internacional que hoy sí tenemos» porque, tal y como afirma María Martín Gómez, «los parámetros que nos dio Vitoria están ahí, pero la dificultad sigue siendo, hoy como ayer, saber quién ha recibido la injuria primero». Y también se encuentra en su pensamiento «la proporcionalidad de la respuesta, porque si respondo a la injuria de manera desproporcionada, mi guerra se convierte en injusta y queda deslegitimada». Conceptos que, como reseña Martín Gómez, se encuentran de plena actualidad «en el conflicto entre Palestina e Israel o en el bombardeo de Francia en Siria».

«Trampolín» divulgador

Ante todas las aportaciones realizadas por la Escuela de Salamanca hace ya cinco siglos a las bases del pensamiento democrático actual, ¿cómo es posible que sea el mundo anglosajón el que se arrogue los méritos de la creación y difusión de esos conceptos? «Hay múltiples respuestas», apunta Martín Gómez, quien se refiere principalmente a dos. «Por un lado, está la leyenda negra de España, la falta de interés de otros países europeos en aquella época por destacar sus cosas buenas porque seguía siendo un Imperio», relata la vicedecana de la Facultad de Filosofía de la Usal, quien también destaca «el problema de la propia historiografía española, que a veces no ha mirado al siglo XVI de una forma objetiva y ha estudiado la Escuela de Salamanca para reforzar el patriotismo del Imperio español, haciendo apología de valores que no son los de la Escuela de Salamanca».

El objetivo ahora, tal y como apunta Martín Gómez, es «aprovechar el VIII Centenario como trampolín» para recuperar el papel »»perdido»» de la Escuela de Salamanca en la concepción de esos valores, aunque reconoce que «se está llegando tarde». Por ello, la investigadora de la Usal realiza una llamada a las instituciones para «impulsar el estudio de la Escuela de Salamanca y no dejar que esto, que es el gran patrimonio de la Universidad, de Castilla y León y casi de España, se deje en manos de otros». Y es que, tal y como sentencia María Martín Gómez, «no somos conscientes de lo que debemos, salmantinos, españoles, europeos y ciudadanos del mundo», a Francisco de Vitoria y la Escuela de Salamanca. «Por eso hay que divulgarlo», concluye.



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3 comentarios

  1. A excelente entrevista da professora María Martín Gómez sobre Francisco de Vitória e a «Escola de Salamanca» realça o pioneirismo da Universidade de Salamanca na renovação das ideias filosóficas europeias no século XVI. A vertente modernizadora do pensamento de Vitória sobre a liberdade do índio influenciou, na América espanhola, a Bartolomé de Las Casas; e, na América Portuguesa, a Manuel da Nóbrega, aluno da Universidade de Salamanca na década de 1530. Na sua Obra completa, publicada no Brasil em 2017, verifica-se como as ideias de Vitória influenciaram Nóbrega na defesa que faz dos índios brasileiros.
    Paulo Roberto Pereira.

  2. Penoso que quienes se dicen expertos pretendan hacer colar el tópico liberal de hacer pasar a Vitoria, Suárez o Mariana como defensores del parlamentarismo, la soberanía popular, los derechos humanos y otros engendros racionalistas y revolucionarios.

    Por supuesto que tenían una doctrina contra la tiranía, una doctrina con rasgos democráticos (sólo en cierto sentido), pero porque es la doctrina católica y escolástica de siempre y de la tradición política española. Otra cosa es que a quien desconoce la filosofía tomista y la teología de Trento le suene tan exótico que crea que descubre el Mediterráneo.

    El problema era que la historiografía (grandes filósofos y teólogos del s. XX) no entendieron la Escuela de Salamanca y la usaban para exaltar el patriotismo, dice María Martín, porque claro, los pobrecitos no llegaron a su nivel intelectual y de erudición para darse cuenta que lo que había que exaltar era realmente la Democracia, la Constitución del 78, los Derechos humanos y lo que haga falta para figurar, ganar becas, puestos en la Universidad y titulares de prensa. Es decir, lo que sea pero la Escuela de Salamanca siempre sirve para defender el régimen vigente, así que no estamos para criticar a ninguna historiografía, que la actual es todavía más servil que la de la época de Franco, en la que muchos conocían de verdad la Escolástica y no buscaban ponerla al servicio de nadie.

    Con esta gente, la Universidad de Salamanca no cumplirá un IX centenario y mucho antes de eso acabará siendo un chiringuito ridículo como ya va camino de ser.

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