Opinión

Turquía a la deriva

El último domingo del mes de junio pasará a la historia, no por ser una noche de San Juan más, no por el llamativo 0-3 de Colombia a Polonia en la Copa Mundial. Este día pasará a la historia por ser la culminación de una debacle democrática de la política turca.

Si el día 24 de junio de 2018 pasa a la historia, será porque en él, el electorado turco decidió, en condiciones cuanto menos dudosas, que quien debería ostentar la jefatura del Estado durante los próximos 5 años será, una vez más, Tayyip Erdogan. Si bien no era más que la primera vuelta, el ya proclamado presidente, logró la mayoría absoluta de los votos que le permiten permanecer en el Palacio Blanco.

Los comicios se llevaron a cabo en un caldo de cultivo en el que la tragedia parecía más que asegurada. Si bien esta tragedia, a la shakespeariana, tiene un nudo, desarrollo y desenlace. La primera parte, comienza con Erdogan como protagonista y sus ansias de poder como fiel secuaz. Esta suerte de dúo inseparable emprendieron un viaje hasta encontrarse con el golpe de Estado del 16 de julio de 2016. De este acontecimiento nos han contado dos versiones; por un lado la gubernamental, que culpaba al núcleo duro del ejército kemalista; y por otro lado, la versión opositora, donde denuncian el teatrillo del presidente para legitimar su figura.

El devenir de los acontecimientos parece dar la razón a los segundos. Si bien el golpe de Estado fue sofocado en una intervención heroica del presidente Erdogan, todo apunta a una estrategia para que emergiera, aún más, su liderazgo.

Esa situación nos llevaría a la reforma constitucional del año 2017, donde se aprobó la eliminación de la figura del primer ministro, acumulando así plenos poderes en la jefatura del Estado. Si bien esta reforma fue refrendada mayoritariamente por el pueblo turco, resultando lo que a la postre sería una suerte de montaje pseudodemocrático. No todo fueron victorias para el presidente en esta reforma. En la jornada electoral contó con disturbios y represiones policiales que empañaron el propósito de enaltecer su figura.

Esta era la problemática situación con la que se llegaba a los comicios adelantados del 24 de junio de 2018. Sin embargo, los problemas no habían hecho más que comenzar, dado que observadores internacionales y partidos de la oposición denuncian fraudes electorales y manipulaciones. Este es solo el comienzo de un nuevo mandato del presidente Erdogan, el cual, desde su primera elección no ha hecho más que llevar a la república otomana al precipicio del totalitarismo.

Esto no es una simple opinión particular, sino que, según los más de 60 indicadores de Fredoom House, Turquía ha pasado de un 3/7 a un 5,5/7 entre 2009 y 2018 (siendo 1 las mejores condiciones de derechos y libertades).

Sin embargo, no solo ha sido la crisis política la que ha inundado Turquía. La pasada semana el presidente republicano de los Estados Unidos, Donald Trump, anunció endurecimiento del arancel para el acero y aluminio del país del Bósforo. Este hecho ha tenido repercusiones inmediatas en las divisas otomanas, provocando una devaluación sin precedentes que ha dejado el valor de la lira un 29% más bajo con respecto a nuestra moneda. En otras palabras, en el primer trimestre se pagaba un euro por cada 4 liras turcas, sin embargo a 13 de agosto, ese mismo euro se cambiaría por 7 liras.

Turquía se encuentra ahora mismo a la deriva. Inmerso en una profunda crisis política que ha pasado por transformar un país con tendencias democratizadoras, en un país netamente autoritario. Por si no fuera poco, el pueblo turco, ahora falto de democracia, se encuentra en los prolegómenos de lo que parece ser una grave crisis económica.

Texto: Álvaro Sánchez García

Estudiante de cuarto curso del grado en Ciencia Política y Administración Pública de la Universidad de Salamanca

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