Opinión

Érase una vez la sociedad

 

A ver si lo consigo. La sociedad es como tú. Bueno, le pasa como a ti. O bueno, a ti te pasa como a la sociedad. Bueno venga, si quieres, tú eres como la sociedad. Más claro imposible.

Voy. Prácticamente no eres ni sombra de quien fuiste. Las dudas que puedes albergar acerca de esa incipiente captura de nuevos centímetros porque cada vez ves más lejos el suelo y te cuesta más recuperar la vertical no se sostienen. No, no estás creciendo, son las bisagras.

Aquella herida que sangró a borbotones dejó de existir hace tiempo. ¿Recuerdas? Es solo eso. Recuerdas. No queda ninguna célula manchada en sangre. Pasaron de vida, fueron sustituidas, las que vives ahora pueden no haber conocido siquiera a las que fueron rasgadas. Heridas de biblioteca. Nada viejo queda bajo las uñas. Imposible. Las que rascan ahora no existían hace dos meses. En dos meses serán historia. No esperes recibir de nadie lo que recibiste entonces. Sus uñas también son nuevas. Te tiene que dar lo mismo que no te puedan dar lo mismo. Movidas de la regeneración celular. Hay partes de tu cuerpo que se sustituyen por completo en tan solo días, por ejemplo, unas que se encargan de la digestión. De las tragaderas si lo prefieres.

Solo hay ciertos lugares que parecen mostrarse inalterables e inalterados, parece ser, desde que terminaste de hacerte. Están en el cerebro. A lo mejor no es así y también se regeneran, pero de momento no somos lo suficientemente inteligentes o capaces como para comprobarlo. Donde sí parece que hay obras en constante mantenimiento es en la biblioteca, en continua actualización para hacer sitio a los recuerdos y también en zonas vinculadas al olfato. Ya te huele.

A tu alrededor se repite el patrón. Hojas de árboles que van y vienen, colores que estallan, destellan, se opacan y apagan. La nieve haciéndose el hielo que será agua dulce por el pasillo del río hasta la salita del mar. Excepto la que se evapora por el camino que agilizará su ciclo. Verás esa regeneración constante en cualquier rincón de suelo donde deposites tus ojos. Incluso si es de cemento. Déjalo solo en la calle y será invadido por una irreverente y obstinada brizna de hierba. Cambio constante de células. Cada una a su ritmo, unas en días, otras en años. Prueba a volver a un lugar que conociste aquel entonces.

Con estas sencillas pistas ya podríamos tener una clave para relacionarnos con el lugar donde vivimos. Si lo que tenemos en la cabeza es la sala de mandos y se trata de la zona que menos se actualiza de todo el ser, si ahí arriba solo se pintan las paredes y se cambian las bombillas en la sala de los cajones, ¿cómo no va a ser más cómodo y (maldita sea) natural guardar guiones que escribirlos?

Pretender lo contrario sería como esperar que al otro lado de la piel, en el Congreso de los Senadores se apostara más por la imaginación que por la memoria.

Moveyourself.    

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