Opinión

Salamanca, agujero negro

 

Desde que Einstein nos habló de la teoría de la relatividad, nos referiremos a cualidades y defectos de Salamanca de forma relativa, es decir, comparándonos con ciudades similares a través del tiempo.

 

Así,  podemos decir sin lugar a dudas que Salamanca es una ciudad bonita, que está bien planificada, que tiene un nivel de polución en la que los ciudadanos nos sentimos seguros. Es una ciudad atractiva por la enseñanza y la cultura, es decir, en Salamanca se vive bien, pero sólo quien tiene recursos.

Entonces la siguiente pregunta puede ser contradictoria :¿Por qué mueren más que nacen, por qué emigran más que inmigran, por qué crece más la pobreza que la riqueza, por qué perdemos población y economía?.

Responderemos como lo harían dos premios nobel llamados Daron Acemoglu y James A. Robinson en su libro Por qué fracasan los países. Ellos dicen que los países pueden ser inclusivos si  triunfan o “extractivos” si fracasan.

Es evidente que la riqueza se genera a través de la inversión y está insuficiente.

En la inversión pública -no confundir con gastar-, los años de crisis económica la han reducido al mínimo. Como ejemplo pondríamos la denuncia del Rector cuando afirmó que sufren un  “corralito” siendo nuestro único motor de desarrollo. En la inversión privada diríamos que no existe, ni propia o local ni foránea. No somos una ciudad atractiva ya que los retornos no existen.

¿Motivo?: En nuestra Ciudad un reducido grupo de personas domina las instituciones, la economía local y la política y no existe transparencia suficiente, por eso, nuestros índices en “transparencia” están por los suelos. Esto hace que solamente unos pocos empresarios con información privilegiada están dispuestos a invertir pero sin arriesgar, es decir, simplemente especulan.

¿Saben que hace cien años en Salamanca había más de diez entidades financieras locales para recoger los ahorros y prestarlos a las empresas y ahora no tenemos nada más que una y con las alas cortadas?

¿Tenemos solución? Por supuesto, cambiando en primer lugar las reglas del juego para liderar los ránquines de la transparencia, es decir, siendo “inclusivos” y no “extractivos”

También apostando por hacer una ciudad atractiva para la gente joven entre los 25 y los 50 años,  pagándoles por hacer investigación o innovación.

¿Fondos?, los  de “muchos pocos”, de nuestros ciudadanos, empresas, instituciones públicas locales y fundaciones de Salamanca, que hay muchas sin apenas actividad. Si dejamos pasar este último tren retrocederemos un siglo.

Por. José Luis Salamanca


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