Opinión

¿Fue Hernán Cortés el autor de la historia verdadera, siempre atribuida a Bernal Díaz del Castillo? (I)

Desde muy joven, he sentido la vocación por la gran aventura de la conquista de América, como un conjunto de historias asombrosas, durante el siglo XVI. Cuando los españoles ocuparon todo un continente, en función de lo que había sido la partición del mundo en dos hemisferios, entre lusos e hispanos –en el Tratado de Tordesillas—, correspondiendo a los hispanos el continente recién descubierto de las Américas, y el inmenso Océano Pacifico ignorado hasta 1513.

Dentro de ese conjunto de historias, ocupa un espacio singular todo lo referente a Hernán Cortés y su gran expedición a México, para la conquista de uno de los dos imperios más importantes de las Indias, el de los aztecas. Con todos sus refinamientos, ciudades asombrosas, y también prácticas inhumanas en muchos aspectos, como el canibalismo.

Precisamente acabo de terminar un libro –Hernán Cortés, gigante de la Historia— sobre lo que fue la gran aventura y sus consecuencias para la formación del Imperio Español de Ultramar. Y en ese contexto he dedicado un amplio espacio a la Verdadera Historia de la Conquista de la Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo. Con amplia referencia a la pretensión del historiador francés Christian Duverger de que en realidad la más impresionante crónica de Indias, la de Don Bernal, fue escrita por él mismo.

Ese va a ser el tema de varias entregas de un artículo que se refiere a esa polémica, que ha tenido grandes ecos entre los historiadores. Y empezamos hoy con el planteamiento de una semblanza de Bernal Díaz del Castillo, el protagonista histórico de la gran polémica, y la actividad del propio Cortés en Valladolid entre 1540 y 1547.

Semblanza de Bernal Díaz del Castillo

De Bernal Díaz del Castillo se sabe bien poco de su vida anterior a la conquista. Conocemos los nombres de sus padres, que nació en Medina del Campo en 1492, y que muy joven pasó a Panamá con el gobernador Pedrarias. Luego, en 1514, embarcó en la expedición de Pedrarias a Darién, y de allí fue por Cuba, participando en la navegación de Hernández de Córdoba a Yucatán; siendo dudoso, en cambio, que también fuera en la de Grijalva, como él pretendió. En 1518, ya conectó con Cortés, y con él vivió toda clase de aventuras, hasta casi la muerte del conquistador.

Preocupado por el tema de la obra de López de Gómara que salió de prensa en 1552 –ya antes se dijo algo de ello—, Bernal decidió redactar su libro cuando irían transcurridos, al menos, treinta y un años de la toma de Tenochtitlán, titulando la obra Historia verdadera de la conquista de la Nueva España (HV), cuyo texto es más vivo que las Relaciones de Cortés, y que la Historia del erudito Gómara, o que la Crónica de Cervantes de Salazar. En ese sentido, Bernal fue una especie de impresionista al retratar a sus compañeros de armas. Por lo demás, los capítulos y sus títulos son una muestra de buena organización del libro, que recuerda mucho a El Quijote de Cervantes, escrito después (1606, primera parte; 1616, segunda).

En su libro Valiente mundo nuevo, Carlos Fuentes define a Bernal Díaz del Castillo como «nuestro primer novelista por la descripción de las grandezas de México». Y de la obra subraya el amor por la caracterización, el detalle, la teatralidad, la intriga y el chisme. Amén de una valoración aguda de cada situación. Algo a destacar es que Bernal no parece haber leído ni a Pedro Mártir, ni a Oviedo, y se comprende, porque esos volúmenes circulaban en latín, e iban dirigidos a un auditorio más culto que el suyo propio.

La gran polémica sobre quién escribió realmente la HV

La polémica a que se refiere el epígrafe se sirvió con el libro «Crónica de la eternidad» de Christian Duverger, nacido en 1948 en Burdeos. Doctor por la Sorbona, profesor de la Cátedra de Antropología de Mesoamérica en la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales en México. Se ha dedicado al estudio de culturas prehispánicas en América, realizando una serie de trabajos, en México y en América Central, en el ámbito de la antropología. Actualmente es director del Centre de Recherches sur l’Amérique Préhispanique (CERAP), entidad de investigaciones que pertenece a dos instituciones francesas: École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS) y Universidad de París – Sorbonne (Paris IV). Con el CERAP ha llevado a cabo investigaciones en el sitio arqueológico de Monte Albán en el estado de Oaxaca.


Duverger defiende la idea de que Bernal Díaz del Castillo no pudo ser autor de la HistoriaVerdadera, tratando de demostrar su tesis a base de señalar lagunas y contradicciones no apreciadas antes en la historiografía. Se trata de un caso de indudable suspense histórico, sobre el microcosmos cortesiano, en la idea de que fue Cortés quien escribió la Verdadera Historia, contra la censura del emperador Carlos V, y su hijo Felipe; cuando éste fue regente de España hasta 1555, y después Rey.

Según Duverger, Cortés empezó a escribir la Historia Verdadera en 1543, en Valladolid (al mismo tiempo que Francisco López de Gómara redactaba su Historia oficial). Luego esa obra cortesiana permaneció oculta durante veinte años, hasta que los hijos de Don Hernán –en las circunstancias que veremos— decidieron entregar el manuscrito a Bernal Díaz del Castillo, residente en Guatemala, cuyo hijo mayor lo aprovechó declarando autor del libro a su padre. Para así engrandecer su persona y de modo que pudiera reivindicar con más fuerza sus derechos sobre propiedades y encomiendas.

Según esa tesis, la crónica escrita por Cortés en España habría sido custodiada por sus hijos durante largo tiempo para, en cierto momento, enviarla a México primero y a Guatemala después. Con la intención de convertir ese texto, cuando se publicara, en un golpe de efecto contra las autoridades de la Corona; como testimonio relevante del proyecto de los criollos de la Nueva España de separarse del Imperio español de las Indias.

Academia y dos escrituras simultáneas: Gómara y HV

Según Duverger, la decisión de Cortés de escribir la Historia Verdadera, tuvo motivaciones bien concretas. La primera de ellas, que las primeras cartas de relación de Don Hernán al Emperador Carlos V, tuvieron gran difusión. Lo que dio al Conquistador un timbre de gloria, que rápidamente se extendió por toda Europa, lo que molestó en la Corte de Valladolid. Donde Don Hernán no era muy bien visto por sus antecedentes de rebeldía frente a Diego Velázquez, y marcadamente tras el éxito de su personal empresa de la conquista de México y su efectiva creación de la Nueva España.

Esa inquina frente a Cortés se manifestó ya entre julio de 1526 y finales de 1527, cuando aprovechando su ausencia por el viaje a Las Hibueras, el conquistador fue desprovisto de sus cargos de Capitán General y Gobernador de la Nueva España por orden de Carlos V. Situación que fue empeorando más y más, de modo que por esas y otras inconveniencias Cortés viajó a España entre abril de 1528 y julio de 1530, al objeto de formular sus reivindicaciones a Carlos V, sin lograr lo principal de sus aspiraciones. Y pero aún le fue en su segundo viaje a España, Cortés tuvo nulo acceso a Carlos V, que para él se convirtió en un enemigo declarado. Debió ser por entonces, según Duverger, cuando el conquistador decidió vengarse escribiendo la Historia Verdadera, durante un tiempo, en Valladolid, entre 1543 y 1546.

En la misma Valladolid, Cortés creó en su casa una verdadera Academia, de la que tenemos noticia a través de Pedro de Albret, también conocido como Pedro de Navarra o Pedro Labrit, que fue un cortesano eclesiástico, obispo de Comenge (Francia), diplomático y escritor, hijo bastardo del último rey de Navarra, Juan III de Albret, con María de Ganuza, vecina de Estella.

En esa Academia, se reunían personas muy notables y se discutiría. Y por ese cenáculo pasó incluso Antonio de Guevara, de la Orden de San Francisco. Uno de cuyos libros fue Relox de príncipes o Libro áureo del emperador Marco Aurelio, de los más influyentes en Cortés:

 ¿Requiérase una prueba de ese parentesco? Todos los comentaristas se arrancaron el cabello para saber de dónde Bernal Díaz del Castillo había sacado su cita de las “cincuenta y tres batallas de Julio César”. La respuesta no tiene equívoco: Cortés se muestra como un buen lector de Guevara.

La clave de toda la controversia sobre la Historia Verdadera se sitúa, por tanto, en los tres últimos años (1543 a 1546) de vida de Cortés, que en su mayor parte transcurrieron en Valladolid.

Seguiremos la próxima semana.



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