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El Pozo de Nieve te lleva a la Salamanca oculta

El Pozo de Nieve data de 1738, pero solo es uno de los hallazgos, ese singular espacio de Salamanca, te adentra en la ciudad oculta, donde vivió San Juan de la Cruz

 

Participamos, como un invitado más, en la visita al Pozo de Nieve y sus curiosidades, que gracias a la arqueóloga Rosa Moreno disfrutaremos de un recorrido singular, único y sorprendente.

 

Hasta hace muy poco, el Pozo de Nieve y lo que se fue descubriendo a raíz del trabajo que hizo el equipo de Elvira Sánchez, eran casas, donde vivían familias, había talleres y pequeñas empresas. Una vez que se fueron desocupando, debido a dónde estaban ubicadas, el Ayuntamiento decidió que se podía investigar qué había debajo de los suelos y en las paredes.

¡Premio! Las intervenciones dan con el Pozo de Nieve que estuvo en ‘funcionamiento’ hasta bien entrado el siglo XX, hasta que llegaron las neveras, y que comenzó a servir nieve para uso medicinal por el 1738.

El Pozo de Nieve de Salamanca es magnífico, muy grande y extraordinariamente bien conservado, pese a que fue durante años un enorme ‘cubo’ de basura, pero al quitar los escombros, se descubre un cilindro escavado en roca natural.

El Pozo de Nieve, Salamanca
El Pozo de Nieve.

El Pozo de Nieve se rellenaba cada año con la nieve que llegaba de la Béjar. “Eran trabajos muy especializados, los que traían la nieve en carro, los que la almacenaban, los que la cubrían con la paja,… Porque era un bien necesario para la salud de la población”, explica Rosa Moreno.

Moreno remarca que era una construcción compleja y bien definida, “de envergadura”.

Una sorpresa detrás de otra

Pensamos que el Pozo de Nieve había colmado nuestro factor sorpresa, pero solo acabábamos de empezar.

Al salir del recinto, con una temperatura muy agradable, nos azotó en la cara el calor de verano de las 13.00 horas, para que viéramos parte de la muralla del siglo XII, sus ensanches, sus piedras bien y mal colocadas, sus argamasas,… Y sus puertas abiertas y vueltas a cerrar. Así como un pozo que servía para adecentarse antes de entrar en la ciudad o dar de beber a las bestias y llenar las vasijas para emprender el camino de ida. Eso también está ahí oculto bajo un manto de tierra que se ha acumulado con los siglos.

pozo de nieve, muralla del siglo XII, Salamanca.
Parte de la Muralla Medieval del siglo XII, Salamanca.

Ayudaron mucho los franceses en la Guerra de la Independencia a que se amontonaran escombros en esta zona de la ciudad, porque a los militares galos les estorbaba parte del convento de San Andrés para ir y venir del cerro de San Vicente a sus aposentos y lo derribaron. Habían tomado como cuartel general en su periplo por Salamanca, el que en su día fue la residencia del joven estudiante que se convertiría con los años en San Juan de la Cruz. Hablamos del convento de San Andrés, donde vivieron los Carmelitas descalzos y que fue tan importante y significativo en su momento, que llegó a compararse con el Monasterio de El Escorial, por su solemnidad y planta cuadrada, muy Herreriano.

Este es otro de los regalos que ofrece la visita. De hecho, en una estancia rectangular, de gruesos muros de piedra y baldosa de barro, se escucha ‘La Noche Oscura’, un bello poema de San Juan de la Cruz.

Cuando parecía que ya no iba a haber más asombros, Rosa Moreno nos pidió que pasásemos a una pequeña habitación para que nuestros ojos se acostumbraran a la oscuridad. Una vez que la pupila se dilató, un poco agachados, nos adentramos en unos túneles profundos donde la temperatura bajó a unos 11º.

Vimos estalactitas, que no se pueden tocar porque se deshacen, vimos canales por donde el agua pasa, vimos más estancias que llegaban a puertas cerradas por derribos de años y de tiempo y que no dejan ver más allá. Fuimos testigos de eso que se dice siempre, que hay una Salamanca Subterránea y es cierto.

Hay túneles que dicen que pueden datar del siglo XVI, donde se cuajaron las leyendas de Salamanca, sus criptas, su universidad heterodoxa, sus brujas, sus hechiceras, su Cueva de Salamanca.

No sabemos por dónde siguen los túneles, ni a dónde llegan,… Es el regusto perfecto a una visita que se hace corta, aunque nos haya hecho viajar cinco o seis siglos en el tiempo.

Para visitarlo:

  • Entrada. Gratuita. Imprescindible recoger previamente las entradas en la Oficina de Turismo.
  • Oficina de Turismo de Salamanca, Plaza Mayor 32
  • Tlfno. 923 21 83 42 – 902 30 2002 / Fax 923 26 34 09
  • informacion@turismodesalamanca.com

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