Opinión

Babia y Bobia

 

No hace muchos días caminaba por la calle de Babia, cuando…

Pero antes de seguir, permitidme un inciso. ¡Babia! No estaba «en». No. No andaba distraído, aunque eso es cosa muy frecuente en mí, embebido en mis «ocurrencias». Pasaba, no paseaba. Como todos saben, o deberían saber, Babia es una hermosa comarca del norte de León, famosa por sus pastos, inicio y final de milenarias rutas trashumantes, lugar donde el inmortal caballo del Cid dio sus primeros trotes… Ya digo que «no estaba en…», pero ¡quien estuviera físicamente en Babia! Es, además, muy entrañable para mí pues uno de sus principales municipios lleva el nombre de San Emiliano…

La trashumancia en Babia.

¿Cuál es el origen del dicho «estar en Babia«? De las varias interpretaciones sobre ello la que a mí me parece más probable es la pastoril. Cuando alguno de estos protagonistas de la milenaria trashumancia, que desde Babia recorrían las cañadas hasta Extremadura, se trasponía en las frías noches alrededor de la hoguera, sus compañeros suponían que estaba añorando su lejano hogar babiano y, cariñosamente, le despertaban diciendo algo así como «¡Qué! ¿Pensando en Babia?». Lo que no sé es si la frase pasó a la literatura o no. Otras hipótesis hablan de que era el lugar de reposo de algún rey de León, que se olvidaba allí de todo problema no pudiendo molestarle, pero no se sabe en concreto de ninguno que escogiese esta bella comarca para tal fin.

Las primeras veces que pasé por la calle de este nombre, casi limítrofe septentrional de la urbe salmantina con el campo armuñés, me acordaba de otro nombre, poco conocido, pero para mí evocador de algo que quise conquistar y conquisté: Bobia. Y lo mismo me ocurría cuando iba al Rastro de Madrid. Había un bar, hoy muy modernizado, que se llamaba así y del que mucha gente decía que su nombre estaba equivocado, que era con «a» y no con «o». Supongo que seguirán diciéndolo.

¡Pues no! Hay una Bobia, que es el nombre de una serranía asturiana, que separa las cuencas de los ríos Navia y Eo, límite septentrional de los misteriosos Oscos, patria de tantas leyendas subyugantes. Su cumbre más alta se llama también Bobia. Lugar de evocadoras brañas…

Sierra de Bobia.

Pues bien, esta cumbre estuvo durante muchos años entre los proyectos excursionistas que tuve cuando veraneaba en el Occidente asturiano. Yo siempre he dicho que nací dos veces. En la primera, mi madre me dio la vida. La segunda fue cuando las benditas manos de mis amigos, los grandes oftalmólogos Barahona y Escudero, me dieron la vista. Antes de aquel suceso tan trascendental para mí, ya subí por primera vez a la Bobia y entreví, en la mitad de su ladera norte, algo que me llamó la atención. Era como un recinto cercado por los cuatro lados, aparentemente sin puerta y en su interior se veían muchas losas bien colocadas. Parecía un cementerio. Pero ¿qué hacía un cementerio en un paraje tan inhóspito, cerrado y sin ningún camino que llegase a él, tan lejano de cualquier caserío? ¿Qué era aquello? ¿Serían los restos de algún poblado primitivo, de los que se conservaba sólo el cementerio? Esa fue la pregunta que mantuve sin respuesta durante mucho tiempo.

Por fin, ya sin necesidad de gafas y con unos buenos prismáticos, subí de nuevo a la Bobia y pude saber que era aquello. Las losas eran los techos de colmenas hechas en troncos y el conjunto estaba cercado por todas partes para evitar las depredaciones de alimañas meleras.

Una multitudinaria boda vaqueira en los Altos de Aristébano.

¡Las brañas de la Bobia! ¡Cómo me recordaban a otros parajes serranos de Salamanca, en los altos de San Miguel de Valero! Misma litología, mismos abarrancamientos, mismo aprovechamiento apícola… ¡Pero qué diferentes sus gentes y sus costumbres! No se agrupan en poblaciones, sino que tienden a vivir en caseríos aislados. Son los famosos vaqueiros de alzada, que celebran anualmente, a primeros de agosto, sus tradicionales bodas vaqueiras en los Altos de Aristébano.

Huyendo de las multitudinarias celebraciones, que dejan todo repleto de basuras, y de las rutas turísticas, hoy tan concurridas, te puedes encontrar gratas sorpresas paisajísticas y evocar viejas leyendas. ¡Aunque eso puede suceder en cualquier rincón de nuestra amada geografía española!

Pero, contando y contando, no he dicho nada de lo que me pasó en la calle de La Babia. Pues… ¡Pero no! ¡Se ha hecho un poco tarde! Lo dejaremos para otro día…



Noticias relacionadas

2 comentarios

Deja un comentario

Botón volver arriba