Opinión

Apenas Incapaz

 

No te compadezco por esa incapacidad tuya. Ni compasión, ni con pasión. Sin sonido, por escrito para que no dudes con el espacio. No te compadezco por todo eso que tú no puedes hacer y que a mí, a nosotros, nos puede resultar tan sencillo como despertar tras un plácido sueño. Un sueño en el que puedo, podemos, caer después de hacer tantas y tantas cosas como soy, somos, capaces de hacer.

No te hablaré de pena. No me corresponde a mí, a nosotros, apenarnos por nadie. Es egoísta. No creo, no creemos los que somos como yo, que sirva para absolutamente nada. A nadie excepto al propietario de la misma. Es un sentimiento íntimo, propio. No es sino un fuego que templa por dentro ya sea pequeño o grande el sufrimiento.

Estrictamente porque no. Estoy, perdón, estamos, convencidos de que no la mereces, porque es nuestra pena. Porque no te concierne, ni a ti, ni a los que sois como tú, a los que sufrís algo parecido a lo que sufres tú. Ella no debe ser dueña.

No. Esa llama mía no te calentará a ti. Me calentará solamente a mí, que padezco lo mío y nunca lo tuyo. A nosotros, a los que no sentimos lo que tú sientes.

No. Tu discapacidad no merece ninguna pena. No debemos reaccionar frente a tu delito por imposibilidad, esa reacción te corresponde a ti. Tú eres el responsable de adaptarte, de encontrar la manera de quebrar esa restricción de tu libertad. No te puedo. No te podemos sancionar con mi, con nuestra, pena. Estoy, estamos, seguros. Debemos estarlo. Te vendrá mucho mejor la ayuda que la piedad, el apoyo que la caridad.

Creo, creemos, que no te corresponde asumir la condonación de una sanción de la que eres más víctima que culpable. La que limita por discapacidad o negligencia. La que por cuestiones de naturaleza genética, educacional o accidental te impiden alcanzar lo que yo sí tengo cerca de mis manos, de mis pies o de mi inteligencia.

Permite que no me preocupe, que no nos preocupemos por tu limitación. Es la tuya. Es la que te atañe. Es tu muro, tu piedra, tu camino, tu pendiente ascendente, tus espinas, tus oportunidades para rebelarte, para remontar, para conseguir llegar. Permite que sencillamente me ocupe de mi muro, de mi piedra y mi camino, de todo lo que tengo en pendiente conmigo. De las espinas que amenazan con rasgar mi piel, de mi rebeldía, de mi remontada, de mi meta. No cuentes con mi pena. Cuenta solo con mi mano si tu fuerza quiebra.

Tengo otro porque. El más importante. El que da respuesta de mi ceguera, mi sordera o mi cojera, el de mi obligada convivencia con la silla de ruedas, el de que requiera de ayuda para cuestiones que tú puedes hacer con tus propios ojos, oídos, piernas y cerebro. Porque me encuentro a la misma distancia que tú, que vosotros los capacitados, de vivir reales breves momentos imborrables.

O quizá más cerca.

Moveyourself. 

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