Opinión

Burócratas sanitarios

 

Reconozco que la Seguridad Social española es una de las mejores instituciones sanitarias del mundo. Todos podemos estar de acuerdo con esta afirmación, hasta que somos atrapados en las redes de sus pocilgas burocráticas.

Por supuesto que no ha de darse por aludido ningún profesional que vista bata, batín o cualquier otro uniforme que tenga que ver con esa dedicación que nos ampara en los espacios sanitarios. Es más, ellos son quienes salvan, un día sí y otro también, las penosas situaciones que nos abrazan si la enfermedad aparece para tocarnos con su inesperado rumbo las narices.

El problema es el muro granítico que prodiga silencios e impotencias, cuando, desahuciados, no nos queda más que rellenar una de esas reclamaciones que no sirven ni para encender fogón de un mal cabreo. Al final el cante administrativo nos deja en la más absoluta soledad ante esa prole de incompetentes que alimenta el dedo oficial de la cosa sanitaria. Tipos expertos en menguar listas de espera a base de desatinos marrulleros o en mirar para otro lado cuando la evidencia de su discapacidad los deja ante nosotros en pelotas. Y no digamos si los resultados económicos siembran la amenaza de eliminar médicos rurales en esos pueblos ungidos por el abandono político, que solo se recuerdan miserablemente a la hora de mendigar el voto.

Conozco cómo la parsimonia inmoral ha paralizado una prescripción facultativa de dos equipos médicos que dictaminaron en su día la necesidad de una intervención quirúrgica, en un hospital que dispusiera de los medios que escasean por estos pagos. Solo se ha recibido como respuesta una tonelada de esas vaselinas silenciosas que sirven para suavizar la mala leche que se recuece en el caldero. Se trata de aburrir al pardal en la jaula hasta que se despatarre borracho de ira.

Y cuando los equipos médicos, por vivir su profesión con verdad,  reiteran el mismo informe que solicita dicha operación, ahí vuelven a reaparecer de nuevo los burócratas de la sanidad en un baño espectacular de indiferencia.

Solo queda pedir perdón de rodillas y rajando la hucha que custodia tus pobres ahorros, te vas al cauce de la sanidad privada, porque simplemente necesitas seguir viviendo.

Ya digo, la vida nos dan los médicos y toda la enfermería sanitaria que, sobreponiéndose a esa banda de ineptos, cuidan de nosotros por entender que somos de los suyos…


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Un comentario

  1. Es increíble las imágenes que crea este columnista con las palabras para describir tan bien lo que uno siente, rabia, impotencia cuando los sanitarios no pueden ejercer bien su trabajo por culpa de la mala gestión administrativa.

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