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Verdad o mentira

 

O sentido común. Correteando por los tiempos nos detuvo en la Catedral Vieja la percepción de extraños movimientos —no estábamos en la mañana del 1 de noviembre de 1755 ni era el 26 de enero de 1531, fechas en las que se produjeron sendos fatídicos terremotos en Lisboa— pues un día sin precisar de un año indeterminado una comitiva formada por un juez, el escribano, los alguaciles y las dos partes implicadas en una denuncia, recorría el recinto catedralicio hasta llegar a los pies de una imagen a la que su señoría debía tomar declaración.

 

Situación extraña para nosotros, digna de ser presenciada, recurrimos a nuestro amigo el monaguillo —viajero cronológico como nosotros— para que nos recomendara el mejor lugar de observación pero escondidos.

Sepulcros esculpidos por Francisco Sánchez y Antonio de Paz, contrato de 6-V-1629.

La leyenda dice así: «Un cristiano había recibido de un judío el préstamo de cierta cantidad; pasado algún tiempo el cristiano pagó la deuda sin que hubiera testigos. Entonces el judío le denunció ante el juez, negando que la deuda hubiera sido satisfecha. El cristiano pone por testigo del pago a una imagen de la Virgen que se veneraba en la catedral…», «…y cuando el juez le pregunta si es cierto que el joven había pagado la deuda, ante el asombro de los asistentes, la imagen de la Virgen inclinó ligeramente su cabeza en sentido afirmativo, dando así testimonio en favor del cristiano».

Al final, ni hecho histórico ni milagro, tan sólo la existencia de esta leyenda que pudo ser más trascendente de haberse sabido y registrado el nombre de alguno de sus participantes; pero tened la certeza de una gran devoción por «Nuestra Señora de la Verdad» como también la hubo por la Virgen de los Remedios —que decayó en la segunda mitad del s. XVIII y aún más en el s. XIX cuando San Julián dejó de ser parroquia—, Virgen de la Vega y Cristo de las Batallas.

Sepulcro con figura yacente del obispo Antonio Corrionero.

Decidimos saltar al año 1560, cuarenta y siete desde el inicio de la Catedral Nueva, para ver que se encontraba habilitada al culto la zona comprendida entre los pies y el crucero. Cuando en 1621 llega trasladado desde Canarias a la diócesis de Salamanca el obispo Antonio Corrionero Ruano (1544-1633), se encuentra con una iglesia que ha sufrido constantes crisis e interrupciones en su construcción, trasladando queja al cabildo el 3-X-1622 por la lentitud de las obras y prometiendo 500 ducados para remediarlo.

No hay ilusión, interés y dedicación tan grande como cuando nos juntamos para conocer «la evolución de nuestra Piedra —léase edificios históricos—»; sentados frente a la nueva Seo jugamos a imaginar como quedará cuando los alarifes correspondientes rematen sus 200 agujas, 446 doseletes, 170 medallones, 202 estatuas, 90 ventanas, 40 pilares, 52 bóvedas, 37 botareles, etc.

«ESTA CAPILLA ES DEL ILUSTRISIMO SEÑOR DON ANTONIO…»

Dimos entonces nuevo salto en el tiempo para conocer al nuevo prelado y con nuestro amigo monaguillo en modo notario constatamos que, de las 10 capillas abiertas al culto (18 a su conclusión), tan sólo dos tenían reja —la Dorada y la del Presidente— y el resto, además, no poseían retablo y se encontraban sin pintar.

«…CORRIONERO, OBISPO DE CANARIA Y SALAMANCA NATURAL…»

Como capilla de la Virgen de la Verdad aparece en Actas Capitulares de 4-II-1611 y nuestro obispo la pide al cabildo para su enterramiento, el de su hermano y su sobrino, ya que «…en ella había puesto sus ojos…». La venta se hace el 9-X-1627 y el 27-X-1627 toma posesión de ella; don Antonio fue diligente con sus obligaciones de compra y dos años más tarde ya estaba colocada la reja, pintada la capilla, puesto el retablo y esculpidos los sepulcros. Murió el 4-IV-1633 convirtiendo una capilla abandonada en muy notable.

«…DE BABILAFUENTE, DE ESTE OBISPADO AÑO 1628»
Detalles. Cuadro votivo del s. XVIII (superior derecha) que confirma la leyenda.
Retablo del 1630 con imagen de Nuestra Señora de la Verdad, del s. XIV y estilo románico.

 


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