Jesús Málaga

El entrañable señor Rafael

Una de las grandes adquisiciones de terreno fue destinada a la ampliación del cementerio de Tejares. El camposanto del que en su tiempo fue pueblo estaba agotado y necesitábamos comprar los terrenos colindantes urgentemente. Conectamos con el bueno del señor Rafael de Tejares, su propietario, y llegamos a un acuerdo al ofrecérnoslos a muy buen precio, 275 pesetas metro cuadrado. Adquirimos 180.000 metros cuadrados por 49 millones de pesetas. Cerramos la operación y solucionamos un problema gravísimo de inmediato. Aquella compra ha servido para realizar uno de los cementerios de nuevo cuño en la ciudad. Para que no fuera gravoso el desembolso, pagamos 14 millones de pesetas en 1981, 18 en 1982 y los 17 restantes, en 1983.

Fue a la hora de formalizar la escritura de compra ante notario cuando me ocurrió algo curioso que quiero contar. El señor Rafael pidió que constara en la escritura de venta que en los terrenos que nos cedía no se plantarían árboles. Los técnicos municipales y el notario me indicaban que aquello no podía constar en un documento oficial, y el señor Rafael erre que erre, sino constaba no había firma. Me costó Dios y ayuda convencerle de que tenía que fiarse de mí palabra, pero que no podía aparecer su propuesta en documento alguno. Pasado el sofocón, después de firmado el documento le pregunté a qué se debía su fobia a los árboles, me contestó sin inmutarse:

  • ¡No se ha dado cuenta de que en Castilla no hay árboles! Son tierras de pan llevar. Los árboles atraen a los pájaros, y las aves se comen el trigo. Si plantan árboles, los pájaros acabarán con las cosechas de los campos de alrededor!

En enero de 1982 el Ayuntamiento abonó los veinte millones del último plazo de La Salle, colegio que perteneció a los Hermanos de la Doctrina Cristiana. El edificio, la huerta y la vaquería importaron 145 millones de pesetas. La oposición consideró que había sido un despilfarro, pero antes de decidirnos consulté con José María Vargas Zúñiga que me asesoraba en estos casos. Para Vargas estábamos comprando una ganga. El señor Rafael, que me dio su opinión ante la crítica mediática, también era de la misma opinión. Y el tiempo nos vino a dar la razón.

Hace unos años fue vendida parte de la finca. Había que descontar el terreno cedido a ASPRODES, el solar transferido para Centro de Profundos y Severos, los jardines y viales y, sobre todo, el ahorro por haber albergado durante treinta años múltiples servicios municipales. Pues bien, descontando todo, el edificio y una cuarta parte del terreno se vendió por ocho veces más de lo que nos costó. Para comprar La Salle dimos una entrada de 45 millones de pesetas. Los 60 restantes se pagaron en los tres ejercicios siguientes, 20 millones por año. Caja Salamanca nos concedió un préstamo al 13% de interés y con un plazo de amortización de diez años, a contar a partir de 1980. El edifico de cinco plantas medía 25.000 metros cuadrados construidos y los terrenos aledaños 140.000 metros cuadrados.

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