Opinión

Súper escopeta nacional 1

 

Los agricultores siguen, seguramente con toda la razón, organizando tractoradas en las carreteras, eso sí, sorprendidos con quien, en vez de dar soluciones,atiza la fogata. Las palabras del vicepresidente, excelentísimo señor don Pablo, van a pasar a la historia con toda seguridad por la carga que llevan de incongruente tomadura de pelo.

 

Don Pablo hace tiempo pasó de ser aquel mozo que nos sorprendía en laSexta tv por su dominio del medio, siendo tan joven. Un tipo prometedor que, por ser uno de los más listos de la clase, supo menear como nadie el árbol del 15 M y recoger las manzanas, que por el peso de la gran cosecha del cabreo caían como si tal cosa en los fardeles.

Lo de que don Pablo Iglesias podía llegar a tocar pelo en las cercanías de la Moncloa, solo cabía en mentes soñadoras, proclives a creer en ocultas magias o en un bien de ojo favorable con mezclas de vapores oportunistas y políticos ungüentos. Pero hete aquí que por esa viveza que atesora el personaje, se ha convertido en protagonista de este tiempo tan insólito que sufrimos o disfrutamos según caiga el agua del pozo sobre nuestras lentejas.

A don Pablo hemos de reconocerle que nadie como él ha sabido embelesar ese mochuelo que, hambriento de poder, necesita apaños imposibles para mantener en el bolsillo las llaves de la Moncloa.

El embrollo, estilo Hermanos Marx, manejado por el vicepresidente II, ha logrado sentar en la mesa a comensales tan expertos en condimentar gastronomías regionales con sus especias específicas, que es muy posible que, al principiar cualquier atardecer, la paella se pegue en las paredes de la cosa nacional y no haya quien le hinque el diente.

Lo de don Pablo, ya digo, es de puro diseño y paciente estrategia, propia de quien sabe lo que quiere en este feudo donde abunda la ambición personal como prototipo de este tiempo indocto que va sembrando tanta indignidad en las sorprendentes hemerotecas.

Por si alguien lo dudaba, el señor vicepresidente ha logrado meter la nariz hasta en la sopa del espionaje, donde se cuecen los caldos más secretos del Estado. El plan de tan intrépido político, sigue su imparable acometida, mientras el doctor Sánchez enfermo de mucho olvido, ha logrado dormir en la misma cama, junto a él, a pierna suelta.

Bajo ese poder del populismo embriagador que nos atiza el pasotismo, la viveza de don Pablo, puede permitirle decir a los agricultores que aprieten y la líen, o apostillar con cierta desvergüenza lo que acaba de largar sin despeinarse: Cataluña y nuestro país.

Es verdad, nadie como él sabe que la palabrería, a veces en este país, solo sirve para pasársela por el forro de sus cuestiones.

 


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Un comentario

  1. Bien escrito, amigo. Parece que las mentes donde perdura la cultura, empiezan a ver la realidad que nuestro país está viviendo, y la mayoría calla.

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