Opinión

Después de ahora

 

Hola. ¿Cómo va esa semana 3? Espero que estés en forma con todo el ejercicio gimnástico e inventiva anti aburrimiento, que hayas descubierto y puesto en mesa mil y una maneras de hacer pollo al chilindrón, que ya sepas a quién quieres y de quién pasas, que te duelan las manos de aplaudir desde tu balcón o en el sordo estruendo de tu aislamiento. Deseo firmemente también que hayas descartado el sentido de hacer clasificaciones de peorismos y culpabilidades. ¿Te das cuenta ya de que ni sirven ni nunca sirvieron para nada?

 

Te propongo poner en práctica un ejercicio más con el que negociar estos días que amanecen con rutinaria cara de perpetuo domíngoles y repletos de tiempo. Doy por hecho que a estas alturas, o bien tocas con las yemas de los dedos el magisterio en su gestión o estás entre la borrachera y la resaca del hoy. Un mínimo de treinta repeticiones permiten optar a ambas medallas. El resultado de la relación dependerá de cada caso. O encuentras la comodidad en esa obligada enseñanza o exiges a cada noche una luna llena a la que aullar.

¿Qué te voy a decir yo de tu hoy que no estés experimentando ya? Ni se me ocurre. A especular con lo que viene después, sí me atrevo. Con un interesado consejo que espero sea el primero y último que recibes por mi parte sin solicitud previa.

El semáforo está en rojo y olvídate de que la siguiente bombilla sea la verde. Será ámbar, la que está en medio, la que pide precaución, la que no te asegura que no vaya a cruzar un coche, la de la previsión. La del cuidado.

Cuidado entonces. Cuidado con el efecto rebote. Cuidado con el miedo que hoy te ayuda a estar en casa, a protegerte, a lavarte las manos, a guardar las distancias, a razonar y racionalizar tus excursiones y gastos, a pensar hacia dentro en el mejor de los casos o desde dentro en el segundo mejor.

Cuidado con las luces verdes que invitan a avanzar sin mirar, cuidado con las estampidas, cuidado con celebrar el fin de la dieta con un atracón de panceta, cuidado con empezar a correr y olvidarse de descansar, cuidado con abaratar el abrazo, el beso y la caricia. Cuidado con el Carpe Diem. Cuidado con precipitarse a babor o a estribor, a proa o a popa, el sitio más seguro donde amontonar la carga sigue siendo el centro.

Cuidado con los guisos en ebullición. Queman. Son los reposados los que graban su sabor. Cuidado con abrir la puerta de casa al perrito encerrado, saldrá loco a la calle y el semáforo, te recuerdo, estará en ámbar. Camina con tranquilidad y seguridad hasta que llegues al parque. Sé libre allí. Después vuelve.

Cuando se apague la luz roja acepta un estado de post-pre-alarma de abandono de tu yo, de tu ayer, llega a mañana sin huir de hoy, no escapes. Ve. Ni miedo ni Carpe Diem.

Moveyourself. 

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