Opinión

El desastre que nos cerca

 

Es imposible mantener la serenidad y olvidarse de este gobierno que, como una panda de incapaces, sigue haciendo ensayos palabreristas ante una pandemia que está llevándose por delante a cientos de españoles. Centrarse en combatir esta tragedia y dejar las cuentas y facturas para cuando pase esta ceremonia del dolor, es imposible. La desdicha gubernamental que nos está cayendo como una losa, hace que rompamos la compostura hasta quienes teníamos claro, hace cuatro días, que lo mejor era dejar los repasos y las cuentas para el final de esta interminable pesadilla.

 

Lo peor sigue siendo asistir a esos mítines propaganderos que una y otra vez calan en la mentira para atufar al personal, que, por estar recluido, tiene la voz secuestrada entre paredes. Todo se les pone a favor para seguir despachándonos su gran cultura de la ineficacia tracalera.

Y es que es difícil mantener la tranquilidad de alguna forma, ante quienes dan la impresión que, por estar en fuera de juego desde el principio, no saben decir otra cosa que entre todos venceremos al puñetero virus. Pobre previsión que está a la altura de las más vulgares pitonisas que podamos echarnos a la cara en cualquier anochecer del lamentable tinglado televisivo. No dan en el clavo ni aunque la punta tenga una cabeza tan enorme como la del Padre Putas.

Cuando pase la pandemia, nos pedirán más dosis de silencio y comprensión ante el nefasto ciclo económico que se avecina, pues salvar el desaguisado volverá a ser responsabilidad de nuestra ínclita paciencia. Lo de rendir cuentas y pagar facturas políticas se vislumbra como un imposible ante esta manada de políticos bisoños que, deslumbrados por el poder, no tienen ni la decencia de hacer una mínima autocrítica.

Solo faltaba descubrir, para acicalar más nuestras penurias, que la sanidad haya mostrado ciertos buracos que principian a hacer agua en el corazón de nuestro desasosiego. No hicimos caso alguno a las denuncias que hacían los profesionales cuando explicaban, no hace tanto, que la inversión era nula en reformas y pésima a la hora de cubrir vacantes. Ahora este puede ser el magnífico argumento que esgrimirán para defender sus penurias, quienes no han sido capaces ni de comprar artilugios sanitarios medio fiables en los chinos.

Por supuesto que lo mejor es acorazarse en casa y huir de los mítines televisivos que solo sirven para mostrarnos la decadencia que padecemos, mientras nos marean quienes tienen interés en que no despertemos del letargo.


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