Opinión

Entre ventanas II

 

Preparé, con unas lentejas cocidas en olvido, tal humareda que no tuve más remedio que abrir la ventana de la galería. Aunque me agaché, la Petri, que es mucho más avezada como sereno que la vieja del visillo, a voces, como una poseída, me exigió que asomase la cresta.

Con la mala baba que viste la moza cuando retrata en sus ojos la ira, me hizo saber que, estaba muy cabreada conmigo por amamantar con mis artículos, según ella, radicalismos rancios que, agazapados, sueñan con volver a las andadas.

Se me hizo tan imposible lograr que entrase en razón, que tuve que tirarme al cuello de sus vetustos pragmatismos ideológicos, recordándole que su tan querido Gobierno, lo único que hace bien es bailar cada día la yenka, un pasito pa lante… Ni me dejó terminar mi cohibido comentario: que si no escribo nada de la bulería derechosa que anda marcándose rumbas en los tablaos del infundio; que me pregunte qué habría pasado si don Pedro nos hubiese metido en alarmas a primeros de marzo. Según ella, la derecha, teniendo el rostro maquillado con cremas electorales, habría movido la parva lo mismo que lo está haciendo ahora…

El sainete que hemos interpretado no sé si aparecerá en las redes sociales ya que hemos sido grabados por varios vecinos entre chanzas y risas que me han tocado las narices. Miedo me da que, de repente, un millón de esos reenvíos efecto milagro de la bobada digital que nos persigue, ponga mi careto por los rumbos anónimos facebookistas istagrameros.

Lo peor es que, desde ese encuentro, la Petri no para de acosar mi tranquilidad con cientos de guasás, intentando refutar todo lo que me ha largado en el patio de comedias, donde intuyo que la vecindad espera que pongamos en escena el siguiente acto. La pobre no se da cuenta de que desde la otra acera me inundan el móvil con opiniones que dicen todo lo contrario.

Mientras tanto, es verdad, este Gobierno va ciego dando palos al aire, mientras nos deja la impresión de que su ineptitud expande un virus en forma de cabreo nacional que traspasa guantes y mascarillas.

Eso sí, me siento orgulloso, muy orgulloso de los médicos y enfermeras de mi familia, así como de todo el gremio sanitario que se está dejando la vida en los hospitales y en los centros de salud. Por esto, espero que los aplausos marquen más allá del reconocimiento, nuestro compromiso de que, en el futuro, cuando la gente de la sanidad sea agredida verbal o físicamente no miraremos para otro lado…

 


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Un comentario

  1. A mi también me extraña mucho tu empecinamiento en contra del gobierno (Que no digo yo que haya hecho cosas mal en un trance tan difícil y complicado que estamos viviendo)Pero la derechona de este país según ellos todo lo hace bien pero no ha dado ni una solución aceptable sólo ha hecho que criticar y poner palos en la rueda y no se acuerdan de todos los recortes en sanidad y en investigacion que hicieron que a lo mejor sin ellos no digo yo que no tendríamos pandemia pero si muchas mejores condiciones sanitarias, aquí lo que pasa que la derechona si no gobiernan hay que tirar al gobierno haga lo que haga.

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