Opinión

En defensa de la poca naturaleza que en la ciudad queda

 

Después de casi 50 días de confinamiento, al fin hemos podido salir a la calle y al campo. Numerosas personas de la ciudad han salido a los extrarradios a pasear y a hacer deporte, ante la dificultad de hacerlo en algunas calles de estrechas aceras o en un entorno urbano donde es difícil mantener la distancia de seguridad contra el coronavirus.  Y todos hemos visto, oído, olido, una primavera extraordinaria después de un mes de abril que, según meteorología, ha sido el más lluvioso desde que tenemos registros.

 

Así, las hierbas, que no hierbajos (éstos existen sólo en nuestras cabezas), han alcanzado los dos metros de altura, los pájaros están como locos cantando (y los podemos oír, gracias al poco tráfico existente) y las plantas pronto estallarán en un grandioso espectáculo multicolor floral aprovechando la oportunidad de esta primavera especialmente lluviosa.

Sólo cabe esperar que el Ayuntamiento salmantino y los limítrofes, como el de Santa Marta, Cabrerizos, etc., respeten este pequeño respiro que le hemos dado a la naturaleza en el entorno urbano. Queremos decir con esto, que no se apresuren a segar toda la extraordinaria vegetación que ha surgido en estas semanas, que respeten el ciclo natural, y que esperen al menos a que la hierba esté seca para segarla, cuando realmente haya riesgo de incendios y no toda, de forma sistemática.

Hay zonas que sería mejor no tocarlas para que según su ciclo natural, nacieran y se desarrollaran arbustos y árboles y permitir que estos espacios, marginales desde un punto de vista urbano, evolucionen hacia una complejidad mayor en riqueza y variedad de especies.

Hay un exceso de celo en la intervención en estos espacios que podrían llegar a ser valiosas islas de naturaleza en la ciudad o su entorno y que sin embargo, año tras año, son segadas, roturadas y removidas de modo que nunca llegan a estar en condiciones naturales aceptables ni siquiera desde el punto de vista paisajístico de los urbanitas.

Por: Chema Lorenzo, de Comité Antinuclear y Ecologístas de Salamanca

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