Proyecto Hombre, en Salamanca.
Proyecto Hombre, en Salamanca.
 Una treintena de chicos (así me gusta llamarlos) viven este increíble confinamiento en Proyecto Hombre Salamanca, desde antes de meternos en esta alarma nacional que nos tiene tullidos. La decisión tomada por quienes dirigen tan destacada y reconocida ONG salmantina es de nota. Vamos, que podían haber aconsejado a quienes, tomándose lo del bichito a broma, han contribuido (no me cabe duda) a poner miles de muertos encima del mostrador de nuestras desgracias.En Proyecto Hombre, desde un principio, hubo anticipación y responsabilidad. Las patologías que se derivan del consumo de sustancias pusieron en guardia a la organización, cuando la pandemia se escondía entre bulos y chismorreos aireados por la cascarria política que sufrimos.Es verdad que los usuarios de Proyecto Hombre conviven con una rigidez de normas, que marcan cierto aislamiento para proteger con garantías el desarrollo de las distintas terapias que se llevan a cabo en sus centros. Solamente aquellos internos que, en fases de recuperación avanzada, tienen contacto con la sociedad, pueden sufrir de forma más acentuada este encierro estricto que padecemos, pero el espíritu de lucha que han acogido como herramienta de su trayectoria hacia la vida les está ayudando a surcar la interminable clausura.Lo que verdaderamente llama la atención es que, de forma voluntaria, tres miembros del equipo dirigente hayan renunciado a su vida personal, para aislarse junto a los chicos, en esa demostración de que, quienes forman parte de Proyecto Hombre, viven el peculiar espíritu de una verdadera familia.Estaba claro que Manuel Muiños, como presidente, no podía fallar en ese empeño que en él constituye uno de los fundamentos principales de su sacerdocio. Me da tanto miedo reivindicar para Muiños lo que creo que se merece dentro de la diócesis, que me callo, aunque reviente. Egoístamente prefiero, por mi cariño hacia la ONG que él dirige, que siga por muchos años lejos de boatos y sillones que puedan apartarle de Proyecto Hombre y de sus parroquias.Junto a él están brillando otros dos responsables, que pueden representar el compromiso de quienes, más allá de su profesionalidad, dan lo que tienen por algo que aman con verdad. Si Quintana, por haber sido cocinero antes que fraile, lleva a Proyecto Hombre en el ADN de sus anhelos, Laura, por su juventud radiante, nos demuestra que en la ONG se conjugan con verdad las palabras oficio y amor.Me pregunto: ¿por qué no se tomaron medidas protectoras como las de Proyecto Hombre en las residencias de ancianos? La respuesta que me brota del corazón es tan dura, que prefiero simplemente mirar hacia mis adentros, para sentir en mi dolor la escalofriante montonera de cadáveres, mientras fabulo acerca de mi feliz encuentro con los chicos de Proyecto Hombre Salamanca.

Sobre el autor

J.M. Ferreira Cunquero

J.M. Ferreira Cunquero

Ver biografía