Opinión

Lecciones no aprendidas

 

Llevo unos meses oyendo que saldremos de esta crisis siendo mejores personas y que acabaremos más reforzados con todo ello. Nunca tuve la esperanza de que fuera así y, de hecho, a la última persona que me lo dijo, le contesté que no, que saldríamos siendo las mismas personas de siempre, con el agravante de que tendríamos que empezar en muchos casos desde cero, porque la cicatriz que ha dejado esta situación es incurable en muchos hogares y ya que el tiempo no arregla nada, tendremos que aprender a vivir o a malvivir con todo ello.

Ojalá me hubiese equivocado y, efectivamente, fuésemos más tolerantes, más agradables, más respetuosos, más empáticos,… más de todo… por pedir que no quede.

Hoy he vuelto a comprobar de nuevo, la maldad humana, hasta donde se llega por diversión.

Hasta donde se puede humillar, vejar y maltratar a una persona simplemente porque ciertos ‘personajillos’ consideren que la vida propia, vale más que la de los demás y eso les de banda ancha para ‘machacar a alguien‘, buscando el placer propio y reforzando su malintencionado ego.

Faltos de valores, faltos de humanidad y faltos de educación… Buen futuro nos espera, ante el caos que se nos presenta.

Hoy he confirmado que nada cambia, que incluso llega a empeorar en una sociedad que se va al traste y que no sabe lo que es la palabra respeto. Vuelve a manifestarse la miseria humana, mientras aparece el instinto de supervivencia en aquel que todavía piensa que los que hoy le hacen llorar, algún día serán mejores personas. Ojalá tuviera razón, pero las buenas intenciones, en estos casos, son como las palabras, las ves pasar, mientras se las lleva el viento.

Todo ello en un día, en el que saltan a las noticias casos de maltrato animal en nuestra ciudad y provincia, que vienen a confirmar que realmente esta sociedad confinada tristemente en sus casas durante tiempo no ha aprendido nada, ni lo hará.

Lo de ser buena gente o simplemente mejorar, no está en los genes de muchos que ven aumentar su baja autoestima en el sufrimiento ajeno y que aprovechan las bajadas de guardia para aferrarse, como garrapatas, a irrealidades exentas de sentido común en las que cargan su propia frustración contra los demás, como si con eso fueran a solventar sus problemas.

Ojalá hubiéramos aprendido a querer y no a echar de menos, ojalá hubiéramos dado la mano y no la espalda, ojalá hubiera buenos ejemplos y no malos actos… Pero no, la vida sigue y la esencia sigue siendo la misma.

Asociación Salmantina contra Bullying y Cyberbullying.


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