Opinión

Pincel al cubo

 

Y en eso de encontrar la medida de todas las cosas se nos pasó que la rayita indicadora del tope superior no puede negar que la del mínimo también atesora gran interés para hacer las cuentas. Culpemos al mercurio, hace calor hasta donde él quiera llegar, nota válida para un solo instante. La paciencia de un día nos permite tomar nota de máximas y mínimas. Otra vez, no son los puntos sino las líneas, los segmentos, los abanicos en los que nos movemos.

 

Palabras escuchadas durante el ensayo para la fiesta de Navidad; el grupo es tan bueno como el peor de sus componentes. De poco servirá que tres componentes ejecuten a la perfección si el cuarto desafina, se equivoca de nota o simplemente llega un segundo más tarde que el resto. Que haga el giro en sentido inverso conllevará un suspenso general para el cuarteto. Dará igual que su ejecución sea la ensayada, que hayan sido los demás los que precipitaron ese segundo o quienes giraron del revés. Descoordinación.

Dicen ciertos sabios, con casi toda la razón del mundo, que a un niño que muestra gran destreza para el dibujo y problemas con las matemáticas lo interesante es priorizar los pinceles a las clases particulares. Es muy inteligente. Esa inversión en el punto fuerte no hará otra cosa que elevar el pico de su escala, se le facilitarán así herramientas y conocimientos que le harán ser más en aquello para lo que está programado para ser. Quizá, quien sabe, sus trazos terminarán colgando del pladur de una prestigiosa galería. Aquella inversión se demostraría acertada.

¿Y las matemáticas? Tranquilidad, el plan sería el mismo. El que disfrute con los algoritmos, a algoritmear. ¿Y qué pasa con las palabras? Anda que no es sencillo generar secuencias de fonemas y silencios en boca y puño. Quien tenga talento para expresarse con el cuerpo que se suba al escenario, quien apunte maneras para interpretar espacios, alzadas y volúmenes que se encargue de los planos del edificio. Así con todas las cosas. Hay gente pató.

¿Qué hacemos con el resto de campos de conocimiento o habilidades quizá más escondidas o menos desarrolladas? Sería cómodo no ocuparse más que en lo que nos hace excelente a cada uno. Y hablar entre nosotros solo en esa clave de excelencia. De lo demás hablarán otros, decidirán otros. Sumar al más.

¿Y con todos aquellos compañeros de especie que no destacan en nada en particular? Nada, para que no exista distracción en fondo y tiempo. Nos permite invertir en el equipo de los virtuosos para que estos rompan barreras desde abajo.

Algo, para que el suelo se eleve. Para que los que tienen problemas con los logaritmos no tengan duda alguna respecto de las raíces cuadradas y las ecuaciones de segundo grado.

Y este es básicamente el ring en el que se discuten la riqueza y la pobreza. La primera tratando de sumar al más, la segunda intentando restar al menos.

Ah, si tienes curiosidad por mi opinión, pinceles y clases de matemáticas.


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