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Salamanca echó a Ángela Barco

Escritora de principio del siglo XX, analizó y radiografió en sus artículos y libros la sociedad en la que vivió

Tenemos santas, catedráticas, artistas, socialité, empresaria, asesinas,… Salamanca tiene en su historia grandes nombres de mujer y La Crónica de Salamanca inicia una serie donde se recordará a estas mujeres que dejaron su impronta en la ciudad y fuera de ella

 

Instruida, culta, directa, atrevida y valiente son algunos de los calificativos que pueden describir a Ángela Barco. Una de las mujeres singulares que ha dado Salamanca, y que la propia Salamanca ha engullido, pero no digerido, porque si lo hubiera hecho aparecería, al menos, en el callejero de la ciudad.

A penas hay biografía de ella, salvo lo recopilado por Laura Rivas Arranz en su blog historias del cuarto de atrás, que se ha encargado de rescatar dos de sus libros***, Hijo y Fémina, y será a través de estos escritos, con los que consigamos dibujar el perfil de esta singular salmantina.

Gracias al trabajo de Rivas Arranz conocemos que vivió y publicó en Salamanca, Valladolid y Madrid. Además de conseguir una beca para estudiar en París. Es allí, donde se pierde la pista de Ángela Barco, podría tener cuando desaparece unos 30 años. No se sabe dónde murió, ni que fue de su vida desde que consiguió la beca para irse a la Ciudad de la Luz.

Ángela Barco fue escritora, periodista y feminista a partes iguales. Reivindicó la figura de la mujer en sus escritos, desarrolló una corta carrera como escritora, donde se percibe el dominio del lenguaje y su generosidad a la hora de escoger tal o cual palabra y supo ser cronista de una época decadente y gris de principios del siglo XX, con la pérdida del Imperio y el frío que caló hasta el tuétano de una España pobre, analfabeta y sometida a prohombres que solo proyectaban en el corto plazo de sus vidas, aunque tuvieran posibilidad de mejorar las de sus conciudadanos.

Prueba de ello, es como habla del progreso uno de los personajes, Sebastían López-Sierra, en Fémina, era el banquero de la ciudad (puede verse Salamanca en cada una de las descripciones, parece que habla del Puente Enrique Estevan):  (…)Y, sobre todo, que no me agradan cambios en mi ciudad. ¿Para qué hacer de ella una población moderna? Desengáñense, amigos míos, que con todo eso que el Concejo trata de realizar, para lo cual solicita de mi caja un empréstito, no conseguiría otra cosa que hacer perder a esta ciudad nuestra, pequeña y triste como un cementerio, el encanto que hoy tiene.

Arroyo de Santo Domingo, a principio del siglo XX.

Así de valiente se mostró la escritora salmantina al describir una época y un sentir de los que podía, por posibilidades económicas, cambiar las cosas y no querían hacerlo. (…) No quiero tranvías; no quiero más puente sobre el río que los poetas cantaron místicamente con arrebatos panteístas, que el puente romano, soberbio, majestuoso, el cual, visto por los lados, puede comparársele a una de esas joyas macizas y monumentales de tiempos de los faraones, engarzada con amatistas y ópalos.(…) Extracto de Fémina.

Ángela Barco denuncian que esa clase social tenía tanto poder que manejaban la ciudad en la que vivían, en este caso Salamanca, a su antojo: (…) ¿Qué soy egoísta, puesto que quiero disponer de la ciudad como de mi propia casa?… Ya lo sé. Y por ello les pido mil perdones, asegurándoles, sin embargo, que así como evito ruidos desagradables en mi casa, no consintiendo el cambio de un mueble que acaricié con la mirada al verle toda mi vida en el mismo sitio, de la misma manera trataré de evitar que mi ciudad sea más grande, tenga una casa más…(…) Extracto de Fémina.

Todo esto lo escribe una mujer, Ángela Barco, en 1910. Ella es hija de un periodista salmantino, Ramón Barco, quien seguro instruyó y animó a su hija a que escribiera y pensara por sí misma.

La mujer bajo la mirada de Ángela Barco

También hace un perfil de la mujer de su época, destinadas al matrimonio, prostíbulo o convento.

Así retrata Ángela Barco el ambiente donde se crió Gabriela, la protagonista de Fémina: (…) En este ambiente, pobre y ridículo, fue donde ella creció, sin saber otra cosa más sino que era bellísima, que infinitas veces no podía salir a la calle por falta de botas, aun cuando tenía para asomarse al balcón un lindo peinador blanco con puntillas y lazos…; que algunos días hubiera faltado qué comer sin los prodigiosos equilibrios de su madre, una mujercita menuda y alegre, que adoraba a su marido; que su padre, según decían en casa, valía mucho y le tenían envidia…, que ella era digna de ser reina… Nunca supo hacer nada; siempre vivió mecida por una ociosidad de princesa, sin otra distracción que las novelas echadas en su falda por su padre, después de haberlas él «saboreado».

Plano de Salamanca 1858.

Una vez casada, la mujer tenía que asumir el papel que la vida le había otorgado: (…) Algunos días después de la boda, cuando al ver el entusiasmo del hombre, ya no joven, se creyó en disposición de mandar, inició el primer capricho con ese tono entre mimoso y despótico que irresistible suele ser en las mujeres… La desilusión brutal, de un cinismo grosero, aun cuando envuelta regiamente en los acentos más caballerosos de un galanteador medioevalesco, la hizo comprender que en la casa señorial, severa y elegante, no era otra cosa sino una bella estatua que se adquiere en un impulso de millonario, acaparador de todo lo mejor porque puede comprarlo. Si la escogió entre todas, fue porque creyó encontrar en ella la serenidad de espíritu que él deseaba en su compañera, y que, acostumbrada a la pobreza, nunca ambicionaría más de lo que él pudiera y quisiera darle… (…) Extracto de Fémina

La Universidad

Los escritos de Ángela Barco le acarrearon algún que otro problema y altercado, como el que vivió en Valladolid un 7 de mayo de 1910. Laura Rivas explica que la escritora salmantina se encuentra en su casa y escucha alboroto cada vez más grande. “Son cientos los jóvenes que se acumulan bajo el balcón de Ángela. Pero, ¿qué ha hecho Ángela? ¿quién es? Ángela Barco Hernández es un misterio. Nació en Salamanca en los primeros años ochenta del siglo XIX”.

El motivo del jaleo es que Ángela Barco había publicado un artículo titulado: Hijo, donde expone las miserias de la clase media que envían a sus hijos varones a estudiar en la Universidad, en perjuicio de la vida familiar y sobre todo de las hijas.

Ángela Barco escribe: La mayoría de los estudiantes no son hijos de ricos; lo son de infelices empleados, de abogados con pocos pleitos, de médicos sin lucida clientela, de comerciantes agobiados por letras y pagarés, que muchas veces acaban en locura o suicidio; trágicos finales de muchas vidas, que se dan a conocer luego en una simple noticia de cuatro líneas con cruel indiferencia.

Plaza Mayor de Salamanca. Fotografía de Joaquín Marcel y Nart
Plaza Mayor de Salamanca. Fotografía de Joaquín Marcel y Nart.

 

La escritora salmantina va desgranando la vida de estas familias con una crueldad y realidad que estremece: ¿Que se come poco? No importa, con tal que el niño no carezca de nutritivo principio. ¡Tiene tanto que estudiar! ¿Que hay poca ropa en las camas? No importa, si la del niño tiene una manta más; para eso se acuesta tarde, atiborrada la cabeza de cosas raras, que en la mayoría de los casos no entiende. ¿Que apremia el casero? Pues que el niño no se entere.

También retrata cómo es la vida de esta hermana e hija en este artículo: Y las niñas se conforman, ¿cómo no? ¿Tienen, acaso, energías físicas ni intelectuales para protestar de tal injusticia sus cuerpos flacos, consumidos por la anemia, se encuentran bien hallados en aquella especie de sopor, incapaces de movimientos bruscos por falta de fuerzas; y luego, que todavía son jóvenes…

Carta a Unamuno

Salmantina, hija de periodista, no sería difícil imaginar que Ángela Barco conoció a Miguel de Unamuno. Incluso pudo tener amistad con la familia, porque el padre de la protagonista de Fémina es un escritor muy aficionado a hacer pajaritas de papel. (Les suena)

Independientemente, del papel que jugó Unamuno en la prosa de Ángela Barco, de lo que sí hay constancia es que mantuvieron correspondencia. Esta relación epistolar queda reflejada en un documental: Bajo pluma de mujer. Un proyecto sobre la correspondencia femenina a Miguel de Unamuno y Jugo, realizado por las investigadoras Maribel Rodríguez, Adriana Paíno, Josefina Cuesta y Begoña Gutiérrez

Carta de Ángela Barco. Fondo epistolar de la Casa-Museo Unamuno. Universidad de Salamanca.
Carta de Ángela Barco. Fondo epistolar de la Casa-Museo Unamuno. Universidad de Salamanca.

En una de sus cartas a Unamuno, Ángela Barco se queja entre resignada y amarga de los escollos a la creatividad femenina.  De hecho, ella tuvo que firmar con el seudónimo de Pedro del Valle al comienzo de su carrera ”(…) Todo, absolutamente todo lo que usted me dice respecto a la mujer que escribe para el público lo he pensado yo. Y algo de eso le decía en mi primera carta. Es verdad; civilización, instituciones e ideas públicas, lenguaje literario todo es exclusivamente masculino. Así que las mujeres que nos lanzamos a un campo que no es el nuestro, a la fuerza hemos de ponernos pantalones, es un fastidio, pero es irremediable“ (Ángela Barco).

***Libros de Ángela Barco.

El hijo, por Ángela Barco.

Femina Angela Barco

Bibliografía.

historiasdelcuartodeatras.blogspot.com

bajoplumademujer.wixsite.com/bajoplumademujer

Salamancaenelayer


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2 comentarios

  1. ¡Una mujer muy interesante! Desde la a Asociación Vecinal de Huerta Otea pedimos el año pasado que nuestra nueva plaza se dedicará precisamente a Ángela Barco. Aún no hemos tenido respuesta, pero la plaza aún no tiene nombre así que no perdemos la esperanza. ?

  2. Me ha encantado la parte caciquil, sin olvidar la parte no menos importante donde se habla de la discriminación hacia la mujer (añado en en muchos casos aparte de la mujer siempre discriminada los privilegios eran solo para el primogénito…),…
    Lamentablemente creo que el poso caciquil, ese que ha hecho que muchos, los más preparados, se hayan tenido que marchar de Salamanca, para que algunos sigan perpetuando su posición y la de los suyos, continúa. Eso que no ha permitido el progreso de Salamanca…

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