Opinión

Lápidas necropolitanas

 

El otro día hablé brevemente de esas lápidas situadas sobre puertas de cementerios, a las que me he atrevido a llamar necropolitanas para diferenciarlas de las sepulcrales o funerarias. Y puse el ejemplo de una, situada en San Xusto de Cabarcos (Concello de Barreiros, Lugo). Pero no conté todo sobre ella, lo que voy a subsanar ahora.

 

El famoso periodista y cronista parlamentario Luis Carandell venía a Salamanca de vez en cuando y convivía con los amigos en una tertulia en la Plaza Mayor. Por entonces la Sala de las Tortugas aún estaba en el Claustro de la Universidad y parece ser que él la vio. Un día me presentaron a este ilustre escritor y estuvimos charlando un rato. Naturalmente, me ofrecí a explicarle personalmente la Sala, pero después el tiempo pasó y no hubo ocasión de ello.

Luis Carandell (1929-2002)

En 2002 alguien me dijo que él había escrito o estaba escribiendo un libro sobre estas placas necropolitanas, que suelen acuñar frases rotundas que parecen estar hechas con la intención de dar miedo por nuestros pecados y provocar el arrepentimiento. Algo así como: «Piensa, cristiano, que tal como me ves, tú te veras. No obres mal, para ser bien recibido aquí«. El gran periodista debía estar haciendo una recopilación, una especie de catálogo de estas lindezas.

Pues bien, a mí también me habían llamado la atención estas lápidas desde que vi la primera, en el cementerio de Salave, cerca de Tapia de Casariego, en Asturias, allá por el año 78.

Era a finales de agosto de aquel 2002 y se me ocurrió que podía sacar una foto de la de San Xusto de Cabarcos y dársela a Luis Carandell en la primera ocasión que tuviese. Dicho y hecho. Hasta allí me acerqué y la fotografié.

Texto de la lápida necropolitana de San Xusto de Cabarcos (Barreiros, Lugo) (Transcripción literal)

Al anochecer, estábamos viendo el telediario cuando me sobrecogió la noticia de su fallecimiento. ¡En ese mismo día en que yo me acordé de él para hacer y enviarle aquello!

Tenía recopilada ya alguna información sobre otras placas de este tipo que, previamente, me habían llamado la atención, pero mi intención de enviárselas quedó en eso: intención y recuerdo de tan gran periodista.

De las que he visto, la que me parece más adornada está en la provincia de Salamanca, en San Pedro del Valle. Había otra en Becedillas, población cercana a Piedrahita (Ávila), pero cuando quise retratarla resultó que había desaparecido.

Quizás haya alguien que quiera retomar este tema. Por eso escribo esto, brindándole todo lo que almacena aún mi memoria.

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Antes del siglo XIX para enterrar a los muertos se habilitaban espacios, no siempre muy apropiados, y en muchos casos, se olvidaban al cabo del tiempo. Hoy, los enterramientos antiguos son objeto de trabajos arqueológicos, que aportan nuevos datos sobre la vida y costumbres en el pasado.

Lápida necropolitana de San Pedro del Valle (Salamanca)

Asistí una vez al descubrimiento de un antiguo cementerio en la abulense Arévalo. Me habían avisado que se había visto un ejemplar de tortuga gigante al hacer la autovía que pasa cerca del cementerio actual de la villa. Me personé al día siguiente en Arévalo, acompañado por Santiago Martín de Jesús, siendo recibidos allí por José Francisco Fabián, Arqueólogo Territorial de la Junta de Castilla y León en Ávila. De resultas de aquel encuentro se programó una excavación de urgencia en el escarpe de la cuneta, que tendría unos 10 m de altura. La tortuga se encontraba como a 6 m y fue muy laboriosa su extracción, de la que se hizo una película. Contamos con la ayuda desinteresada de los constructores de la autopista, que nos bajaron la tortuga hasta el pie del escarpe con una enorme grúa.

Pero eso fue después. Antes de la vista previa, se había hecho una exploración de todo el escarpe y, casi arriba, se encontraron restos de un antiguo cementerio. No intervine en los trabajos que siguieron al descubrimiento, que se dijo en principio pertenecían a una antiquísima necrópolis hebrea, lo que explica que no estuviese cerca de ningún templo.

Texto de la lápida necropolitana de San Pedro del Valle (Transcripción literal)

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A poco de iniciar mi vida en Salamanca, un entusiasta alumno de Química, Eduardo Carbajosa Tamargo, dedicó todo su tiempo libre a explorar los escarpes del Tormes y alrededores. Un día me dijo que había encontrado, cerca de la cuneta de un camino, los restos de un sepulcro. Le acompañé al lugar y comprobé que se trataba de algo como una gran pila rota, en la que faltaba casi todo. No le di importancia entonces. Pero lo recordé unos quince años después en una conversación con el entonces director del Museo de Salamanca, Manuel Santonja, dándole la ubicación exacta del lugar. Resultó que él había tenido la misma noticia por otro conducto y se había preocupado de investigarla y recogerla, deduciendo que se trataba de un enterramiento tardorromano, de los siglos III o IV, creo recordar. Me pidió ayuda para una determinación paleontológica, porque la roca con que se hizo, una caliza muy compacta, contenía fósiles. En el informe que se le presentó se decía que el origen de aquella roca no estaba en Salamanca, donde no había nada parecido, indicando un transporte desde tierras lejanas.

Podría contaros muchas anécdotas parecidas, pero lo dejaremos para otra ocasión. ¿De acuerdo?


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