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La pandemia ‘grabada’ en la piel

La crisis de la Covid-19 ha llevado a muchas personas a tatuarse recuerdos de momentos vividos desde que todo comenzó

Recordar es parte de nuestra vida, olvidar también; pero, en este caso, hay personas o momentos que marcan nuestra existencia y más aún en la situación actual de pandemia.

Hacerse un tatuaje ya no es algo turbio, oscuro, de ‘mala’ gente, de delincuentes… ni mucho menos. Menos todavía en esta crisis de la Covid-19 en la que muchas personas han atravesado momentos complicados o han perdido a seres queridos a los que quieren recordar siempre.

Cristina de Marcos Fraile y Juan Carlos Escribano Gala son los propietarios de Monkey Tattoo (San Justo 5) y saben de sobra lo duro que es comenzar con un negocio como éste en mitad de una crisis sanitaria y económica nunca vista.

Tatuaje

“Cogimos el local el 1 de marzo de 2020, después de varias semanas buscando y nos dieron las llaves el 28 de febrero, pero tuvimos que hacer reforma y algunos cambios hasta que llegó el estado de alarma y el confinamiento. No pudimos iniciar la actividad hasta el 8 de junio”, señala Juan Carlos Escribano.

Como casi todo en la vida, los inicios fueron complicados: “El primer mes fue bastante mal, la verdad porque los meses de verano no son los mejores para un negocio como éste, aunque luego sí es verdad que empezamos a funcionar mucho mejor”, argumenta Cristina de Fraile.

“Todo esto empezó porque en mis dos últimos trabajos estuve muy puteado y terminé mal; un día paseando a los perros se lo dije a Cristina: quiero abrir un estudio ya. Esto comenzó para mí como un hobby, pero llegó el momento en el que dije que quería mi empresa y no tener que rendir cuentas a nadie; por eso decidimos dar el gran paso”, recuerda Escribano.

Tatuarse en tiempos de pandemia

“Hay gente que se dedica a hacer estudios de Bellas Artes y demás, pero yo empecé con el graffiti; en mi casa, siempre ha habido mucha tradición de dibujo de cuadros, primero tiré por ahí y luego por la ropa, hasta que me decidí por los tatuajes”, explica uno de los dueños de la empresa.

“A ella siempre le gustó la perforación y nos juntamos los dos para esta aventura. Al principio de abrir, no hacía nada de que supusiera quitarse la mascarilla, ningún ‘piercing’ porque la gente siempre quiere lengua, labio, cara… luego, con el paso del tiempo, ya sí”.

Éste es un negocio en el que de por sí existe una «gran desinfección y siempre hemos trabajado con mascarilla; en ese apartado no hay problema porque hay más seguridad. Lo único que tiene ha cambiado ahora es que los clientes tienen que venir solos, sin acompañante y cumplir las medidas sanitarias establecidas”, indica Juan Carlos Escribano.

Tatuaje

Otro aspecto es el trabajo, que debe llevarse «por separado en la cabina; lo normal sería trabajar los dos, pero ahora no podemos. Y yo cuando me pongo, no son trabajos de 10-15 minutos, suelen ser de 3-4 horas. Dejamos escapar dinero porque no podemos decir a todo el mundo que sí puede venirt», indica Escribano.

Asimismo, el cierre de la hostelería también les ha tocado de cerca. «Cuando cerró la hostelería, hemos tenido tardes en las que no hemos hecho nada. Salamanca se mueve mucho por la gente joven y los bares, pero si cierran, se quedan en caso y ya hacen allí lo que sea. Si el joven no sale, no gasta y Salamanca se hunde. Eso sí, los jóvenes no han tenido miedo a venir a hacerse un tatuaje, pero hemos tenido a una mujer de 71 años, que vivía más con miedo por si le pasaba algo, pero nada más. La mayoría de clientes está entre los 18 y los 30 años, luego hay alguno más mayor de más de 40 o 50, pero la mayor ha sido una mujer de 71″, relata Juan Carlos Escribano.

Con la pandemia, los símbolos tatuados en la piel han cambiado, pero no excesivamente. «La gente puede hacerse más recuerdos y se tatúa un nombre, una inicial, una fecha… siempre que alguien se hace un tatuaje es para recordar algo. Y el hecho de haber perdido tanta gente o haber vivido momentos complicados, es algo que se está haciendo mucho ahora. La mayor demanda se refiere a nombres, coordenadas, fechas… nos han preguntado por los tatuajes sanitarios y nosotros no podemos regalar esos tatuajes y mi trabajo tengo que cobrarlo, mucho más en esta situación», explica.

¿Qué tatuaje representaría mejor a esta pandemia?

«Como algo gracioso, la típica célula con una mascarilla y que ponga ‘fuck virus’ estaría bien, muy divertido. Tengo una lámina preparada de un misil antiguo con morro de tiburón que pone ‘fuck covid’».

«Hay gente que lo ha pasado tan mal y ha tenido una pérdida grande, lo quieres tener contigo hasta el último momento; el tatuaje es que te están arañando y no es así. El día que lo pruebas, no duele, es tan leve que incluso es adictivo. Hablamos mucho para que la sesión sea más amena«, destaca Escribano.

Grabar recuerdo en la piel no es algo actual, ni mucho menos, pero quizá si goza de más protagonismo por la situación vivida, por momentos que la gente quiere tener siempre en la mente u olvidar de una vez por todas. Las heridas de esta maldita pandemia…

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