Opinión

Un momento de magia

 

Soy poco activo en las redes sociales, aunque tengo cuenta en Facebook e Instagram. Sé que estoy en el vagón de cola de los ‘me gusta¡, la principal razón es lo poco que interactúo con otras cuentas de la red, pues la clave de este invento es activar el efecto boomerang hasta conseguir posicionarte entre los más visitados.

No obstante, sí mantengo relación con personas que exponen sus trabajos artísticos en ellas, incluso me gusta compartirlos en mi perfil cuando me parecen interesantes.

Mis referencias son quienes considero que pueden aportarme ideas, pero no solo en el mundo de la fotografía, también presto atención a la pintura, a la escultura o a cualquier otra disciplina artística.

Valoro la impronta de las personas, pero sobre todo valoro su formación, podría hacer una lista interminable de nombres que me vienen a la cabeza, pero voy a guardarlos para próximos artículos.

Sinceramente, creo que soy una persona afortunada pudiendo compartir sus propuestas artísticas, sus ideas y exposiciones a través de la red, y a veces, en vivo y en directo como es el caso de hoy.

Apenas conozco en persona a Raquel Barbero, creo recordar que hemos hablado un par de veces, la primera sí recuerdo que fue en la terraza de la Malhablada; la segunda y la tercera, si la hubo, no recuerdo dónde.

Sin embargo, he dialogado con su obra muchas veces, la primera fue en el café Doña Manolita con motivo de la exposición Miscelánea que visité tres veces, una de ellas en compañía de Tomé, para perderme en el rincón donde estaba colgado lo más exclusivo de su obra, o al menos así lo viví.

Las otras veces han sido en exposiciones colectivas y la última en su exposición Mujer 2020: edades, entorno, roles y miedos. Pero sobre todo han sido las redes sociales las que me han permitido estar en contacto con el trabajo de Raquel y de otros creadores.

Realmente, he de reconocer que estas plataformas virtuales me han dado mucho más de lo que yo les he aportado, así es en el caso de la fotografía de hoy, que formó parte de la exposición Diálogo con la pared, un trabajo de abstracción sobre arquitectura y urbanismo.

Esta imagen siempre me gustó, pero que nunca fui capaz de ver mas allá de mi intención, hasta que el otro día la compartí en Instagram y, entre otros comentarios, hubo uno, el de Raquel, que cambió mi percepción: “…. al principio pensé que eran unas piscinas” y de repente, después de años viendo una fachada en construcción, yo también vi unas piscinas.

Sé que fue un espejismo, que duró  lo que dura un momento de magia.

Gracias Raquel.

El Blog de Pablo de la Peña, aquí.

 

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