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Opinión

Crónica de sociedad

 

Prometo haberlo intentado, pero no he podido sino sucumbir a las noticias de estos últimos días. ¡Somos libres! han gritado las libres voces. Por fin, ¿verdad? Ya iba siendo hora. Y sin embargo se encienden de nuevo todas las alarmas y surgen otras voces, incluso alguna misma,  que quieren volver al reciente “carcelario” estado que acabamos de abandonar.

No me ha sido posible no ver las imágenes de la Nochevieja de primavera y las culpo, por tanto, de impedirme contarte algo más atemporal, como siempre es mi intención. Mi materia gris anda enciscada en definir el tipo de sociedad que hemos sido capaces de crear entre todos. A veces mi deriva me lleva a una posición de desasosiego en la que se mezclan la venta del padre de otro por un gin&tonic con ensalada, una quietud no querida con más paciencia de la que sería necesaria o hasta la convicción de que demasiado poco nos pasa y que, efectivamente, un ser o fuerza sobrenatural nos protege.

Por tanto, propongo ésta semana hablar de cocina. ¿Qué es lo que sucedió en el mundo para que de repente un postre que quiera serlo deba obligatoriamente estar rematado con un helado de mango en verano o frutos rojos en invierno? ¿Y la quinoa? ¿Qué me cuentas de la quinoa? Dejó al aguacate a la altura de la lechuga hoja de roble, por favor…

Pues lo que pasa, si me permites el ejemplo, es que un influencer de cierto nivel, relevancia, por su cuenta creativa o por el poder del lobby de la distribución de productos, decide incorporar un elemento concreto.

Los responsables de ese establecimiento, conscientemente o no, dan el primer paso para convertir un producto en tendencia. El hecho se basa en esa teoría tan demostrada de la pirámide, la gravedad y la canica, que explica que al dejar la tercera en la cumbre de la primera, la segunda hará que llegue hasta el suelo.

Total, que la quinoa termina apareciendo como protagonista estelar de las ensaladas de todo restaurante, incluso de corte tradicional. Algo así como lechazo con ensalada de quinoa, calçots con ensalada de quinoa, paella con ensalada de quinoa, percebes con ensalada de quinoa, etc.

Esto sucede cíclicamente. Un producto es capaz de generar un boom artificial, por lo general, de duración determinada. ¿Hay algún restaurante de bien que no tenga alguna fórmula de atún rojo en su carta? ¿Recuerdas el Radical de naranja? ¿Y la Cherry Coke? ¿Y las ginebras rosas? ¿A que es impresionante? Pues va a resultar ser un patrón.

Quizá te pueda parecer un tanto confusa mi alocución de hoy. ¿Qué tienen en común las celebraciones de Nochevieja de un 9 de mayo y, por ejemplo,  la quinoa? Qué gran pregunta.

El patrón, claramente. La quinoa de las ensaladas funciona igual que la libertad en las calles. Si su uso se nos va de las manos deja de tener valor y sentido y algo vendrá a sustituirlo. Ojito con la burrata.

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