Opinión

La lógica creativa

 

Como es debido, vivimos en un mundo claramente lógico. Por mucho que practiquemos, no funcionan las afirmaciones del tipo “no entiendo cómo/porqué + lo que sea”, porque a poco que reparemos a pensar, por supuesto que lo entendemos. Supongo que éste tipo de fórmulas nos otorgan un punto de inocencia. ¿Qué hacer ante lo que no se entiende? Un suponer, vaya.

¿Qué sucede con la lógica que, tan lógica ella, pueda llegar a dejar de tener sentido? Tengo una teoría contrastada, que no es mía y una propia opinión. La teoría dice que el pensamiento lógico es lineal, vertical. A la A le sucede la B, al uno, el dos, al yo, un tú, a una causa, su efecto.

Pongamos por ejemplo un armario como principio de los tiempos. Lo primero que coloques será el cimiento de ese mundo y todo lo demás sucederá de una manera lógica. ¿Por dónde empezamos? Conocemos aproximadamente el número de pantalones y camisas, sabemos que las camisetas ocupan más que los calcetines. No es problema deducir lo que necesita percha y lo que puede doblarse y recibir cobijo en un cajón.

¿Sabes cuántas veces te replantearás la distribución de ese armario en el futuro? Probablemente cero o ninguna, lógicamente. El siguiente artículo que adquieras descansará en un lugar aventajado, por nuevo, junto a sus semejantes. Ese es el pensamiento lógico. Una decisión pasada condiciona las venideras. Lógico. Podrán surgir, quizá, ciertos conflictos, si por ejemplo te calientas en rebajas y las camisas comienzan a estar más justas de lo deseado. Solo por una, solo por la última. Como la gota que colma el vaso. Si bien es cierto, que la gota se convierte en agua cuando se mezcla con el resto de gotas que ya son agua en un vaso.

La creatividad puede no tener un sentido lógico, ni una función siquiera. Puede incluso parecer absurda en un momento dado, no tener ningún sentido por no aportar solución buena alguna. Pero la creatividad no está para eso, está para crear. Solo para crear. Y a veces…

A diferencia de la lógica, nos invitaría a sacar toda la ropa del armario para dar la bienvenida a cada nueva adquisición. Pero, ¿para qué trabajar tonto a lo tanto? Pues dejando de lado la inversión del tiempo, para una cosa solamente. Para replantear el armario cada vez. Para comprobar si el balance establecido tiene el mejor sentido con cada incorporación. Para hacer borrón y cuenta nueva. Para valorar, para buscar y encontrar mejores soluciones.

De acuerdo, con un armario y ropa el debate roza lo absurdo. Pero ¿y con una vida? ¿Cuántas soluciones parciales presentamos a ese armario ya ocupado? ¿Cuántas camisas nos ponemos arrugadas porque andan justas de espacio? ¿Cuánta ropa terminaría en bolsas si las tuviéramos sobre la cama para replantearnos nuestros espacios? ¿Es incuestionable aquella precipitada mudanza? Demuéstrame, por favor, que nuestra comunidad no es una lógica evolución de aquella en la que se escribieron los 10 mandamientos.  Y claro, que es la mejor posible.

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