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Opinión

Génova decreta el fin de las «hostialidades» internas

A partir del “efecto Ayuso”, que Génova se ha atribuido como logro propio -del desastroso resultado de las elecciones catalanas el responsable fue el maestro armero-, desde su séptima planta se ha construido el mantra del cambio de ciclo político que más pronto que tarde llevará a Pablo Casado a La Moncloa. Y ello conlleva un giro estratégico dentro del partido consistente en evitar por todos los medios desavenencias y broncas que denoten cualquier división interna. Se considera fundamental transmitir una imagen de unidad de cara a ese gran objetivo de desbancar a Pedro Sánchez y su gobierno “socialcomunista”.  Da igual que esa impostada imagen de unidad sea más falsa que una moneda de tres euros. Hay que mostrarse como una piña y punto.

 

Teodoro García Egea y Alfonso Fernández Mañueco. (Ical)

En este contexto hay que interpretar el mensaje de concordia y armonía que trajo la pasada semana a Valladolid el secretario general del PP, Teodoro García Egea, que acudía a una reunión de la Junta Directiva Regional del PP.  Los presidentes provinciales del partido con ganas se quedaron de gritar “Que se besen, que se besen” ante la enternecedora puesta en escena protagonizada por García Egea y el presidente autonómico del PP y de la Junta, Alfonso Fernández Mañueco. Vivir para ver.

Siguiendo las instrucciones de su jefe, Egea ha venido impulsando desde Génova una operación conducente a socavar el liderazgo de Fernández Mañueco en el PP de Castilla y León. La estrategia consistía y consiste en decantar los congresos provinciales del lado de la dirección nacional, diezmando así el poder interno del actual presidente, que quedaría al pairo en el siguiente congreso autonómico. Casado nunca ha perdonado que en la batalla por suceder a Mariano Rajoy, Mañueco, luego de traicionar sin ningún miramiento a su gran valedora, María Dolores de Cospedal, se volcara, arrastrado por su compadre Fernando Martínez Maillo, a favor de Soraya Sáez de Santamaría. Y en su estrategia estaba derrotarle en el próximo congreso del PP de Castilla y León y postergarle como candidato a la presidencia de la Junta en las elecciones autonómicas de 2023. 

Ángel Ibáñez y Juan.C. Suárez-Quiñones

Decretado el cese de las “hostialidades” internas, la consigna ahora es que los siete congresos provinciales pendientes de celebrar se salden con candidaturas únicas que zanjen las divisiones internas, incluso en provincias como Salamanca y León, donde la confrontación entre dos sectores parecía estar servida. Como instrumento para simular estos falsos consensos se están abriendo paso unas ficticias “terceras vías” que en realidad no son más que “segundas marcas” de sectores ya constituidos.

Sería el caso en Salamanca de Julio López Revuelta, el director de Comunicación de la Junta, en absoluto equidistante entre el actual presidente provincial, Javier Iglesias, y el acéfalo sector “díscolo” alentado por el propio Egea. Obviamente, se trataría de una concesión a Mañueco, a condición, eso sí, de integrar en la nueva dirección provincial al sector del PP salmantino afín a Génova.

 En León, la pugna entre los dos alcaldes con aspiraciones a dar el salto a la presidencia provincial, Javier Santiago (Almanza) y Manuel García (Villaquilambre), casadista uno y mañuequista el otro, pudiera propiciar una “tercera vía” encarnada por el consejero de Fomento, Juan Carlos Suárez-Quiñones. No fue casualidad que Suarez-Quiñones, juez en excedencia, se afiliara al partido el pasado mes de diciembre.

Por el contrario, en Burgos, donde se perfilaba una tercera vía de verdad en la figura de Borja Suárez, vicepresidente de la Diputación, el panorama se ha enrarecido últimamente con movimientos tan nerviosos como el del consejero de Presidencia, Ángel Ibáñez, quien anda postulándose como candidato.

Fátima Pinacho y Jorge Buxadé

 En negociaciones con Vox.-  Aunque mal haría Mañueco en confiarse, lo cierto es que Génova ha levantado la presión sobre el presidente autonómico, quien por otra parte está tratando de alcanzar un pacto con Vox que le permita restablecer la mayoría absoluta perdida en las Cortes por PP y Cs a raíz de la fuga de la procuradora María Montero.

Orillada la negociación que mantenía con el Partido por Ávila, el PP ha emprendido otra con la formación ultraderechista, a fin de que su única procuradora, Fátima Pinacho, proporcione estabilidad al gobierno Mañueco. Según ha confirmado “La trastienda” en fuentes próximas al partido ultra, el portavoz popular en las Cortes, Raúl de la Hoz, está negociando dicho apoyo con Jorge Buxadé, el vicepresidente de Vox responsable del Área Política de la formación. 

 La primera prestación planteada por De la Hoz es que Pinacho secunde el veto del PP y Cs a la comisión de investigación sobre lo ocurrido en las residencias de ancianos, lo que daría al traste con la iniciativa, que ya consiguieron tumbar en diciembre, cuando ambos partidos disponían de la mayoría absoluta imprescindible para ello. El plazo para anunciar la oposición a dicha comisión finaliza este miércoles. Si el PP y Cs formalizan su veto lo harán en la confianza de que Vox se sume al mismo en la votación a llevar cabo en el siguiente pleno de las Cortes. En caso contrario, se abstendrían de oponerse para ahorrarse esa derrota parlamentaria. Atención a la jugada.

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