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Opinión

Déjà vu

 

La cantidad de noticias ocurridas durante las dos últimas semanas darían lugar a unas cuantas columnas. Noticias que ocupan la totalidad de los programas y otras por las que se pasa de soslayo. Siempre entendí que puede haber detrás de una noticia, pero jamás entenderé la nula empatía y profesionalidad que a veces se demuestra ante ciertos temas.

Se acabo el curso escolar. Un curso marcado por la incertidumbre e improvisación, en las que las mantas, las capas de ropa, la ropa térmica e incluso las bolsas de agua caliente, según me comentó un docente aparecieron por las aulas abiertas de par en par para evitar que ‘el bicho’ hiciera de las suyas en las clases. También las mascarillas se convirtieron en parte del deber diario, aunque algunos volvieran a casa con ella intercambiada porque la de su compañero le gustaba más. Son las cosas del directo y no se sentían héroes según leí por algún sitio, llevando aquello que ocultaba una de las verdades más bonitas que puede dar una persona: la sonrisa.

Aun así, demostraron que ellos y ellas podían con aquello que durante el curso pasado los metió en sus casas y se adueño en mayor o menor medida de una manera de vivir desconocida, en la que mirarse a los ojos se convirtió en un lenguaje que no se estudia en los centros educativos

Tampoco en el día a día se conoce mucho, pero hay miradas que lo dicen todo y así también lo entienden los que utilizan esas miradas para seguir intimidando a sus compañeros y compañeras en las aulas.

Con la de cosa bonitas que dicen los ojos y lo mal que se utiliza ese lenguaje a veces.

Como mal se utilizan en muchas ocasiones las redes sociales y el ciberespacio, en el Día Internacional en el que se celebra su uso, alguno y algunas deben de ‘confundir’ las buenas intenciones de personas que necesitan quitarse de encima un fondo de armario en alguna aplicación dedicada a la venta de prendas de segunda mano con aplicaciones para ligar o con buscar algo fetiche que les suponga una alegría para cuerpo y mente.

No sabía si reírme o llorar, cuando me contaban que un Body no lencero, puesto a la venta era la estrella de una aplicación de ventas en la que se interesaban por su dueña y por el ‘estado de limpieza’ de dicha prenda y no precisamente porque limpio lo buscaran. Afortunadamente vio venir la intencionalidad y pudo cortar la situación. Este es un ejemplo de las muchas cosas que se encuentra uno en las redes, que nos aportan tantas buenas, pero que dejan al descubierto que no todas las personas tienen las mismas intenciones.

Y ya que hablo de intenciones, en unas semanas en las que esta palabra ha sido un déjà vu, quizás habría que dejar esa intención en segundo plano y darle cabida a la acción. Acciones y no intenciones que acaben con el maltrato en todos los ámbitos y que demuestren que la Tolerancia 0, de la tanto se alardea, no es un lazo en la chaqueta, una vez al año.

Quizás así en vez de aliviar la conciencia, aliviaríamos el sufrimiento de quien o quienes viven situaciones que la sociedad no puede ni debe permitir.

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