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Opinión

Estudios salmantinos

 

Los meses de confinamiento y las restricciones que siguieron pararon bruscamente la vida cultural salmantina. Demasiadas actividades y proyectos quedaron suspendidos o aplazados sine die. Es lo que sucedió con el discurso de ingreso de Isabel Bernardo en el Centro de Estudios Salmantinos, pospuesto desde hacía casi año y medio. Con esa capacidad de convocatoria que tiene Isabel, al final pudo celebrarse en un Liceo que lucía hermoso pese alas drásticas restricciones aún vigentes. El lleno de hace tres años, al presentar su primera novela, queda ahora entre el recuerdo y el anhelo.

Con ese discurso académico, orientado a estudiar la gastronomía de las tierras charras en los tiempos que van desde la plenitud medieval hasta el Siglo de Oro, el CES inauguraba y clausuraba a la vez los actos públicos del curso que ha concluido. Vendrán mejores tiempos, seguro, y esta emblemática institución de Salamanca que ya cumplió los setenta años, volverá a promover sus ciclos de conferencias, presentaciones de libros y todo el elenco de iniciativas con el que da a conocer Salamanca. De todas formas, el trabajo no ha cesado en estos meses de aparente ausencia. El traslado de la sede a la Torre del Clavero y la instalación definitiva en ella han sido la principal ocupación. Me consta por Rosa Lorenzo, que acaba de dejar la vicepresidencia, que todo ha quedado muy bien, especialmente la clasificación de los fondos bibliográficos.

El CES ha mejorado mucho en los últimos años. Tras una fase de escasa presencia en la ciudad, la presidencia de Jesús Málaga supuso el revulsivo que esta institución pedía a gritos para recuperar los esplendores del ayer. Los años de Málaga han servido para una renovación profunda de sus integrantes, diversificando notablemente el perfil de sus miembros, y la puesta en valor del propio Centro al multiplicar sus actividades de divulgación. Al margen del conocimiento que por su trayectoria tiene de las instituciones, y la consecuente accesibilidad a ellas, que siempre es una ventaja, el impulso nació sobre todo delprofundo amor a Salamanca que siempre le ha caracterizado. Pocas personas de las que han pasado por la política local han querido de verdad a Salamanca. Él es una de ellas y eso por fuerza se tenía que notar.

Actualmente, es algo que se percibe con claridad, el CES goza de buena salud. El relevo de Málaga, que se produjo hace ya dos años largos, ha estado condicionado por esta parálisis pandémica remisa a concluir, pero su sucesora, María Jesús Mancho, es una trabajadora nata y en breve hará que todo vuelva a la normalidad de los últimos tiempos. El discurso de ingreso de Isabel Bernardo ha sido el principio de este retornar por el que tanto suspiramos. Creemos que sí, porque Salamanca necesita un CES muy activo, igual que también hacen falta las otras instituciones culturales de referencia. El Casino, que con Alberto Estella había recobrado los viejos esplendores, el Ateneo, muy tocado tras su desalojo de la calleja, y alguna más, deben salir de su letargo por el bien de la cultura local.

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