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Opinión

Ojos que no ven

 

Se dice que los ojos son las ventanas, los balcones o el espejo del alma. Pero de quien enseña, no de quien busca. Siempre hablamos de los de los demás, para quien los posee son imposibles incluso en el espejo. Decimos ojos, pero pensamos en párpados, en mejillas, en labios. Son el punto de luz que ilumina desde dentro todo el cuadro.

Todos caben en una estrecha paleta de colores. Nunca son bonitos y tampoco pueden ser feos. Son solo ojos. Se abren a la sorpresa, se esconden ante el miedo. Pero no es eso lo que los hace grandes o pequeños. No es su apertura sino cómo funcionan por dentro.

Los ojos pequeños lo ven todo deprisa. Los grandes lo ven lento. Nada tiene que ver con el movimiento. Para la hormiga que esquiva la espina del rosal un huracán es lo que para ti una tenue brisa. En la orilla no se ve la corriente del río a menos que el agua baile con piedras o se precipite al vacío.

Los ojos grandes ven despacio, no perciben el aleteo, solo les importa la distancia que con él han recorrido. Con los ojos en lo alto puedes entender la ruta sin sentir en tus piernas las trampas que pueda haber a lo largo del camino.

Los ojos pequeños ven la espiga pero no saben nada del trigo. Lo suyo es el detalle, encuentran la importancia que tiene todo lo nimio. Tienes ojos grandes y pequeños, lleva puestos unos y los otros, a mano en el bolsillo.

A veces es el bosque todo lo que importa, a veces es el árbol lo único que tiene sentido. Imposible que sin espiga tengas trigo, pero éste no siempre se encuentra en un campo que ya ves amarillo.

A veces es la distancia pero siempre es el camino. De nada sirve nada hasta que decides moverte, no para caminar, sino para citarte con un destino.

A veces el ojo, grande o pequeño, juega contigo. Borran las alas de la libélula o el colibrí cuando no descansan para mantener el equilibrio. A veces para ver el agua necesitarás el oído.

Nunca son los ojos, son obedientes, te conocen y se dirigen a lo que a ti te importa, a lo que va contigo. Tus ojos no son ventanas, espejos ni balcones. Tus ojos son focos de luz que iluminan lo que te importa sin atenerse a razones.

Habla con tus ojos antes de que ellos decidan tus síes. Discute con ellos cómo te quieres sentir, hacia dónde quieres ir. Una vez lo hayas aclarado ellos se encargarán de tus palabras, de tus manos y de tus pies.

Quieras o no, veremos cómo ves.

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