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Opinión

Hablemos de suicidio

El pasado 10 de septiembre fue el día mundial para la prevención del suicidio.

Los profesionales de la salud mental venimos avisando desde hace bastante tiempo el problema de salud pública que constituye. El suicido continúa siendo un tema tabú en nuestra sociedad tanatofóbica, se sigue sin hablar de ello, a pesar de que se suicida una persona cada minuto y un intento cada 3 segundos.

Tan cruda es la realidad, que cuando usted termine de leer este artículo, se habrán suicidado al menos 3 personas.

El suicido constituye ya la primera causa de muerte no natural en jóvenes de 14 a 29 años. En las personas de 30 a 49 años, las muertes por suicido duplican a las de accidente de tráfico.

Todos conocemos las enormes campañas de tráfico, ¿verdad? ¿Alguien ha visto alguna vez alguna campaña en televisión de prevención del suicidio?

El suicidio es un problema muy complejo para el que no existe un solo origen o causa, sino que depende de diversos factores: socioeconómicos, psicológicos, sociales, biológicos, etc. Sin embargo, la mayoría de los casos de suicidio pueden prevenirse, estando atentos a las señales que las personas lanzan. En otras ocasiones, es muy difícil evitarlo.

Uno de los mayores mitos en torno al suicidio es que hablar de ello lo fomenta. Esto no es así, ha quedado ya de sobra demostrado que hablar de ello es un factor de prevención, ya que permitir a la persona la expresión emocional, genera un efecto de alivio y comprensión. Es importante escuchar evitando juzgar.

¿Cuáles son las señales de alarma?

En la mayoría de los casos de suicidio, la persona antes de llevarlo a cabo, envía una serie de signos y señales que nos pueden alertar. Estas señales han de ser tenidas en cuenta siempre y no se han de ridiculizar ni por asomo pronunciar la famosa frase de “es una llamada de atención”. No son llamadas de atención, son gritos de auxilio.

Las señales que nos pueden alertar son:

  • Sensación de desesperanza y que la vida no tiene sentido.
  • Desesperación ante la vida.
  • Aislamiento y sentimientos de soledad.
  • Sentimientos de culpa y vergüenza (los cuáles se acrecientan con un intento de suicidio previo)
  • Conversaciones repetidas acerca de la muerte.
  • Señales de despedida: verbales o escritas.
  • Expresión directa del deseo de quitarse la vida.
  • La existencia de intentos previos.
  • La presencia de un evento que lo precipite.
  • Descuido personal.
  • Preparar documentos, cerrar asuntos pendientes…
  • Tristeza, apatía, anhedonia (síntomas depresivos)

¿Qué pueden hacer familiares y amigos si detectan estas señales?

  • Estar atentos y actuar inmediatamente ante una señal de alarma.
  • Conservar la calma.
  • Hablar con la persona y hacerle sentir que no está solo o sola, y que es comprendido y escuchado sin juicios.
  • Eliminar cualquier acceso a métodos de suicidio y no dejar sola a la persona.
  • Hablar con otras personas de su entorno.
  • Tomar en serio la situación y si es necesario llamar a emergencias.

El suicidio es un grave problema de salud pública para el que urge un plan de acción. Hablemos de ello. 

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