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Opinión

Personas que yo

 

Hay personas que yo. Y ya. Personas de primera y en singular. Que utilizan el nosotros por el mero hecho de que así incluyen su yo. Personas a quienes les da pereza el tú, el él, la ella, los vosotros y vosotras, los ellos y ellas, singulares y plurales en segundas y terceras.

He escuchado estos días un dudosamente meritorio y tremendo “yo ya utilizaba gel hidro alcohólico antes de la pandemiaAhora lo utilizan todos”. Patrón común, caso extremo.

Me invitan al bostezo las seguras personas del yo. Me entusiasman las que son capaces de habitar en la ambigüedad, que presentan ojos, orejas y piel a las cosas que suceden sin objeto directo ni sujeto aparente. Quienes son capaces de conversar sin forzar su participación. A mi subjetivo entender son personas capaces de estar sin ellas mismas todo el tiempo, lo cual es un descanso. Como observadores pasivos, como críticos objetivos que no tratan de atropellar la función, sin obligarse a encajar en una película de la que no participan y de la que no son sino simples espectadores. Capaces de permanecer sentados en la butaca y dormir o aplaudir hasta que les sangren las manos tras la observación o la escucha.

Me gustan las personas que utilizan el foco para iluminar lo que quieren ver o lo que sencillamente no ven. No tanto las que buscan su cobijo para ser vistas, para permanecer, las asumo, las acepto, también las respeto, pero no las amo.

Me gustan quienes son o tratan de ser lo que son, quienes no tienen reparos en mostrar sus errores y arañazos y guardan las medallas en la cómoda, a quienes les tienes que preguntar para que cuenten, quienes cuentan acerca de lo que les preguntas, quienes preguntan sin contar, quienes te buscan, quienes no se hacen buscar.

Me gustan las puertas abiertas para entrar y salir, me gustan las ventanas limpias con las persianas arriba, las cosas claras y ciertas, también las dudas. Me gusta mantener las cosas que cambian cuando gracias a ello nunca se terminan y guardar las que se terminan porque nunca cambian.

Me gustan quienes tornan su opinión cada día, solo con ellos podemos estar seguros de que una conversación, discusión o disputa ha servido para algo, quienes saben rebatir un argumento no oído sino escuchado, quienes nunca han llegado, quienes no se conforman con esperar a su turno de palabra para decir lo que ya tenían aprendido o pensado. Me gusta hablar de él, ella o ello pensando en él, ella o ello. Poco o nada importaba yo en lo que pudiera haber hecho o contado.

Me gustan quienes saben que tú eres un yo, quienes conceden que yo no soy más que un tú, quienes saben que lo mío estaba vivo antes de que ellos hubieran aparecido. Quienes cuando les gusta lo que ven se quedan, quienes cuando sucede lo contrario se van, no se quejan.

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