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Opinión

Patos

Tranquilamente miras al pez, ¿qué hace? Nada. ¿Y al pato? Lo mismo, ¿verdad? Sí, siempre que nos dejemos de puntillas. Quizá seríamos más certeros si dijéramos que el pez en realidad no nada, sino que bucea según nuestro criterio, quizá la pescadilla siente volar. Pero esa no es la cuestión sino un simple matiz que ignoraremos por comodidad, prestar atención a todos los detalles supondría no hacer otra cosa. Nunca más.

Nosotros no somos peces ni patos, claramente. Para nosotros es un esfuerzo importante hacer lo que hacen ellos buceen o naden. Nosotros no nada, nosotros solo y siempre algo. Como especie, no se me ofendan los individuos, o sí, quién soy yo para pedir formas que guardar, siéntanse libres de decir y obligados a escuchar las vueltas. Pero para nosotros me temo que nos tomamos un nada, en el mejor de los casos, como un pasivo descanso y en los demás una suerte de lugar entre la visible lástima y el sordo vano.

No sabemos manejarnos, no vemos oportunidad alguna donde hay o vemos nada, nos cuesta un mundo encontrarle sentido, porque somos mucho más de algo que de nada. ¿Quién quiere nada? No. Ni siquiera somos capaces de aceptarlo. Lo negamos redundantemente. No quiero nada solo podría interpretarse cómo que sí queremos algo en los términos matemáticos que defienden que menos por menos es más. Ignoremos de nuevo las puntillas…

No se nos da bien ocuparnos de los espacios vacíos, solemos buscar las cosas ciertas donde creemos que están. Somos más aprovechadores o aprovechados que buscadores, somos más consumidores que creativos o creadores. ¿Por qué nuestro ocio suele ir acompañado de consumo? Porque no consumir nada es nada.

Y no puede ser por incapacidad, porque somos capaces de todo lo que imaginemos e incluso de cosas que están por imaginar que ahora no son o son nada, deja al tiempo hacer lo que mejor sabe, pasar, y verás qué poco tarda en asomar la sorpresa. No por el tiempo, por un alguien que durante su transcurso se ha puesto a pensar en algo.

Pero sí llevamos un nada siempre a mano. El desierto lleno de arena y sol es la nada. El páramo salpicado de tierra y piedra, por mucho que huela a tomillo o romero. En un cajón lleno de espacio vemos nada. Si no hemos hecho alguna heroicidad no hemos hecho nada. Si invertimos una tarde en un reseteo físico en formato siesta, no hemos hecho nada… Cuando en realidad esa inversión horizontal es la que nos ha permitido hacer un algo de la forma adecuada…

Querida nada, te necesitamos. Discúlpanos por no valorar que llegas y estás en todos los sitios antes de que algo suceda. Es nuestra culpa, no la tuya, que hayamos decidido dar más importancia al dictado del reloj, de la acción o del objeto que a ti y a la oportunidad que nos has ofrecido para ignorar al tiempo en la medida que él nos ignora a nosotros, la de comenzar a hacer lo que no habíamos hecho hasta entonces o la de crear lo antes inexistente.

Si quieres más información… 

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