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Opinión

Habemus episcopum

Por fin repicaron las campanas de la catedral para anunciar que tenemos obispo. Sin sorpresa para nadie, porque ya estaba filtrado, la nunciatura comunicó oficialmente que José Luis Retana vendrá a Salamanca para jubilarse como obispo. Las formas han cambiado. Antaño siempre era sorpresa la designación de los obispos. Las beatas incluso ponían la COPE a la hora del Ángelus para enterarse las primeras si oficiaban el anuncio. Pero ahora no. La nueva política ha llegado también a la Iglesia y se sabe todo antes de tiempo porque los propios obispos se van de la lengua.

ICAL. Ricardo Muñoz-Martín. El abulense Mons. José Luis Retana, nuevo obispo de Salamanca y Ciudad Rodrigo.

Al margen de la anécdota, que tiene enjundia, la realidad es que a principios de año el obispo de Ciudad Rodrigo tomará posesión del obispado de Salamanca. A Retana le hacen obispo civitatense el 8 de enero y al día siguiente sumará otra diócesis, la nuestra, a su cursus honorum. Dos en uno o uno en dos. Es decir, un superobispo duplicado que atiende debidamente dos diócesis o medio obispo para cada. Me inclino por lo segundo, porque si un obispado supone mucho trabajo, está por ver qué hará con dos. Más cuando llega desde una diócesis bastante tranquila y aterriza en otra, duplicada, sabiendo que es la estación final. El predecesor de aquí, de igual nacencia y procedencia, no se caracterizó por multiplicar su presencia. Eso sí, el nuevo obispo, medio obispo a efectos prácticos, trae experiencia de carretera, que la diócesis placentina es muy alargada y entre las tierras de Béjar y Don Benito hay más de 250 Km. Mi amigo Álex G. Montero, que escribe como nadie sobre toros y Semana Santa, es también experto en trapos intraeclesiales con distintos grados de suciedad. Con el ingenio que le caracteriza habla ya del «obispo de la A-62» y contempla con escepticismo el invento del uno para dos, más bien el uno divido entre dos.

La designación, de todas formas, sociológicamente resulta muy interesante, pues entre el argentino de Roma y su nuncio filipino en España, llamado Bernardito, han conseguido enfadar a las tres diócesis afectadas. En Plasencia el clero no se corta. Resulta interesantísimo el desahogo de Juan Manuel Miguel en su reflexión «Nos quedamos de nuevo sin obispo», presentando a la diócesis de Plasencia como un lugar de paso para obispos que promocionan, de manera que nunca tiene estabilidad. En Ciudad Rodrigo ya sabemos cómo están. De uñas. Hasta los ateos piden obispado propio por considerarlo un signo de identidad. Y entre el clero salmantino, puñetero como solo el charro sabe serlo, los recelos son constantes. Anteponer Ciudad Rodrigo a Salamanca ha sentado como una patada en los bajos. Imagino que en la práctica Ciudad Rodrigo terminará absorbida, porque eso es lo que se busca. Pero las formas cuentan y en este caso, para intentar contentar a una parte, la perjudicada, se ha soliviantado a la otra.

Mi recordado maestro Francisco Rodríguez Pascual, que conoció varios periodos de sede vacante en Zamora, alguno especialmente largo, decía con la retranca que siempre le caracterizó que las diócesis funcionaban mejor sin obispo. Quizás no le faltase razón.

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Un comentario

  1. Han pasado los cien días de cortesía y no iba usted muy desencaminado. Intuición o sentido común, da igual. Esto no pinta bien.

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