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Opinión

La chispa de la vida

  • P:  Allí donde la religión no se fundamenta en principios cristianos ¿se celebra la Navidad?
  • R:  Sí, si en su infancia bebieron Coca Cola.

Es obvio que las tradiciones o más bien las costumbres sociales tienen más difusión y posibilidad de emerger hoy en día. Tardaron siglos en difundirse los mensajes de las diferentes propuestas religiosas por todo el mundo y no todas consiguieron traspasar fronteras. Sin embrago, la famosa marca de refresco logro unir casi todas las culturas en Navidad gracias a la televisión.

En tan solo unos años de promoción comercial supo explotar su relato navideño dando protagonismo a un personaje singular: Papa Noel, que nos ofrecía una pócima del color del chapapote como antídoto al síndrome de Babel, consiguiendo que todos hablásemos durante unos segundos el mismo idioma: el de la nostalgia y la emoción.

¿Qué religión profesa este hombre de rojo? Ninguna. O tal vez todas.

Es importante destacar, que este personaje creado en la cultura occidental, se apropia del 24 de diciembre para traernos mensajes de paz y regalos en Nochebuena. Aquí, en occidente, donde no todas las confesiones católicas celebran el nacimiento de Jesús, pues para unos ya nació y para otros está por nacer. La cultura Cristiana no puede ofrecernos mayor regalo que el nacimiento del hijo de Dios y quienes creemos sabemos que es cuestión de fe. Por eso, aunque no lo entendamos lo aceptamos.

Con el paso del tiempo vamos tomando conciencia de que se fue la infancia y con ella la inocencia de quien mira al cielo esperando ver una estrella camino de Belén o un trineo cargado de regalos volando en el firmamento. Es decir, se fue la Navidad que aprendimos a soñar.

No es fácil encontrar un resquicio para el sentimiento, en una armadura forjada con malas experiencias, que nos protege de no sé qué o de nosotros mismos. Las emociones desnudan el alma porque descifran los sentimientos y cada año las mostramos con más pudor cuando llegan estas fechas, esperando que sean leves y pasen pronto.

Tengo claro que la condición humana está basada en creer, sentir y soñar para afrontar la vida y que la coraza que nos ponemos es para contener nuestras emociones, pero no debemos olvidar nuestra identidad, sin miedo a mirar el firmamento cualquier noche del año y aprender que solo, si no se produce el milagro, volveremos a soñar.

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En mi experiencia fotográfica, uno de los lugares más importantes ha sido el edificio de La Salina, de la Diputación de Salamanca, entre las colaboraciones con el IDES -Instituto de las Identidades- una exposición colectiva, otra personal y algunas colaboraciones para catálogos. Desde este lugar tan especial, donde se cumplieron algunos de mis sueños os felicito la Navidad.

Un fuerte abrazo y felices fiestas.

El Blog de Pablo de la Peña, aquí.

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