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Opinión

Improvisando el 2022

Acaba el año y con él acaba un año extraño, como lo están siendo las Navidades, entre la resignación, esperanza y la realidad.

Volver a la rutina este 2021 no fue fácil, como tampoco lo será seguir acomodados en ella en 2022. Lo que se denominó ‘nueva normalidad’ realmente tenía poco de normal. Durante este tiempo he visto verdaderas batallas campales entre las personas por un roce no intencionado al ir a pagar en un supermercado o enfrentamientos por desacuerdos ante clases de mascarillas que una parte y otra consideraban que no eran apropiadas.

Pero quizás lo más duro de la nueva normalidad haya sido echar de menos momentos que no volverán. Saber que no volverás a abrazar, ni a sentir aquello que en su momento no le diste el valor que ahora sabes que tiene.

Volver la vista atrás y ver que los cambios tampoco son los que deberían, mientras nos seguimos conformando y mirando de lejos situaciones que no deberían darse, es difícil para alguien inconformista como soy yo.

Casi con toda seguridad, la cabeza siempre va más deprisa que el resto del cuerpo y ver que año tras año seguimos ignorando problemas que necesitan de la implicación de toda una sociedad, mientras seguimos viendo elfos y contestando la hipocresía de personajes que te desean feliz año, mientras el resto del año te ignoran o hacen lo posible para amargártelo, hace que el fin de año y su memoria final sea un mero trámite que esperas que las uvas te lo hagan más dulce, esperando que el Roscón de Reyes y sus sorpresas te den un descanso.

Si ya de por sí es difícil ‘lidiar en algunas plazas’, donde el negacionismo y no hablo de la pandemia que actualmente nos ocupa, sino de la pandemia del acoso escolar que lleva implantada años, silenciada, negada en su mayoría y con tantas lágrimas por medio, lidiar este año ha sido muy intenso, por definirlo de una manera en la que no comprometa a nadie y todos y todas se den por convocados a tomar decisiones que alivien la carga.

Y ya me hubiera gustado despedir el 2021 viendo a los palmeros y palmeras con las ayudas prometidas, tratando de reconstruir su vida y su isla, pensando en Ómicron, como el nombre de un transbordador espacial y no como un virus paseándose por las calles de todo el mundo y sobre todo me hubiera gustado no tener que hacer balance del dolor y sufrimiento que el 2021 dejó en mi agenda.

Les deseo lo mismo que deseo para mí, un feliz 2022 lleno de salud, soluciones e improvisaciones que nos permitan seguir viviendo con dignidad y seguir luchando por un mundo mejor en los derechos humanos sean respetados y no ninguneados.

Asociación Salmantina Contra el Bullying y el Ciberbullying

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