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Opinión

Año nuevo, como la vida misma

Traigo hoy una noticia fresquísima, prepárate. Tómate un segundo para respirar, inhala, exhala, tranquila y profundamente. Otra vez, inhala, mantén, exhala… ¿Estás conmigo? ¿Tienes ya el foco de la atención totalmente bajo control? ¿Vamos con esa gran noticia que tengo para ti? Venga.

Todo lo que sucedió entre las 23:59:59 del pasado 31 de diciembre y las 00:00:01 del siguiente es que te quedaste sin uvas. Luego llegó ese momento de éxtasis e ilusión que compartiste con los que tenías alrededor, pero la única realidad es que todo se redujo a que esos frutos a los que se les impidió convertirse en vino, comenzaron en escrupuloso orden su camino hacia el mar. Solo todo eso. No sufras demasiado, es un hecho compartido.

Me cuesta otorgar crédito a los propósitos de año nuevo, porque no son más que lo que le pedimos a muchos lunes, a todos los comienzos de etapa, con zapatos de charol. Lo único que justifica claramente que el primer día del primer mes de un año es un nuevo comienzo, es un calendario colgado en la pared, siempre que sea mensual, una agenda, aunque traen unos días del pasado y otros del futuro por si los olvidos y cosas del estilo.

Tú eres el mismo ser que dejó de ser entre las uvas once y doce. Tú entraste en el 22 prácticamente como abandonaste el 21. Tus opciones siguen siendo las mismas que eran. Con toda probabilidad seguirás sin ver las que no se manifiestan a gritos, como hasta ahora y continuarás viendo otras que pueden ser inexistentes o mentirosas. Sí, como hasta ahora.

Decía uno de nuestros más grandes pensadores de siempre, que “siempre hay pore qué vivir, pore qué luchar, siempre hay pore quién sufrir y a quién amar, al final las obras quedan las gentes se van, otros que vienen las continuaran, la vida sigue igual”.

Y esto nos lo podemos decir en enero o en un ascensor, no le hace ascos ni al tiempo ni al espacio. Siempre hay cosas. Algo que sí podemos hacer nosotros, para darle más trascendencia y profundidad, para individualizarlo y acomodarlo a un yo concreto, es ayudar a que unas cosas y otras no. No ganaremos siempre, pero sí alguna vez.

En resumen. Que del 31 al 1 hay una uva. Que desde que ingeriste la última, unos van a venir y otros se irán. Que aunque a veces se escondan, los motivos y las luchas pendientes no te van a dejar, que bien cerca vas a tener alguien a quien amar y quién te hará pupa. Que al calendario le das más igual que él a ti. Y que te deseo que te hagas acreedor o acreedora de todos los elogios por ser responsable de esa felicidad tuya, que no te pase, que no te suceda, sino que seas tú quien la haya ayudado a ser. En enero o en un ascensor.

Que la vida sigue igual, pero la general. La tuya dependerá en gran porcentaje de tu juego. Que no necesites que te lo diga una taza.

Más cosas, por aquí. 

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