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Opinión

Grandes rebajas

Rebajas, entonces un evento que hoy no supone novedad porque no hay firma que no las haga cada 15 días, o al menos las comunique, sea por fin de temporada, comienzo de la siguiente, Black Friday, Blue Monday, Red Hot Chilli Peppers o la suscripción a su web. Surgieron en una conversación acerca de qué es más interesante, comprar muchas cosas baratas, o invertir en algo gordo que normalmente no podríamos permitirnos. A ambos lados de la contienda se mostraba tranquilo el concepto de la oportunidad. Ciñámonos, por reducir el área, al armario.

Podríamos, por un lado, renovar por completo el armario con ropa low cost, salir de la tienda X cargados de bolsas con las que seríamos capaces de rediseñar el nuevo yo actual, la versión 1.22 de la temporada del frescor.

También podríamos, pero por el otro, colgar de la percha ese concreto disfraz que estamos seguros nos falta para completar la obra de la aun usable versión 1.21.

Podríamos reducir la cuestión y la salsa resultante sabría a lo mucho o lo bueno. Así a bote pronto, es probable que necesitemos un buen rato para llegar a una conclusión y que no haga falta más que unos minutos para que cambiemos de idea. Maldito tiempo, a veces se nos hace eterno, a veces se nos abalanza.

Confieso haber navegado por ambas aguas en el pasado, en este presente tengo tantas dudas que no sé por qué optar, quizá por ninguna de las dos, quizá abstención, o voto en blanco, quedan días aún. Lo que sí debo reconocer es que me he sentido satisfecho y contrariado a partes iguales con independencia de haber optado por lo mucho o por lo bueno.

Porque al decidir que mucho, justo en ese preciso instante debemos decir, con suerte no para siempre, hasta luego a lo bueno. En el mismo momento de escoger lo bueno perdemos la oportunidad de aspirar a lo mucho. Pequeñas crueldades intranscendentes.

Podrás pensar que hay quienes son tan afortunados que no se obligan a tomar esa decisión. Y Pensarás bien siempre que no confundas a quien se sabe afortunado con el adinerado. Porque te confesaré un secreto, el discurso del segundo solo cambia en cuanto al número de dígitos, al primero la cuestión de la camisa, sencillamente le queda pequeña.

Toda esta frívola introducción a los ropajes y rebajas como treta para pedirte ¡por favor! que ni se te ocurra pensar en ropajes ni rebajas. Que no es con ninguna de esas cosas con las que puedes vestirte, ni con nada que se compre o se venda. Ni con valor ni con precio, ni siendo declarado caro o estando de oferta.

Ambición, por favor. Niégate siempre a rebajar expectativas, a esperar a que cuesten menos para aspirar a ellas, a escoger entre lo mucho y lo bueno. No te conformes con las fáciles o te descubrirás pensando en lo que cuesta en vez de en lo que quieres.

Qué camisa ni qué camisa.

Más sobre todo… 

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